La transición dulce de Zizou

Todavía tengo en mente algunas voces altas y peligrosas que llamaban a la revolución en el vestuario a final de la temporada pasada. Hablaban de cortar cabezas como en los tiempos del "terror", este periodo comprendido entre septiembre de 1793 y julio 1794 que desvirtuó en Francia los grandes ideales que fundaron la primera República. Zidane es un puro producto de la escuela pública gala, pero no un aficionado a las guillotinas. Las soluciones radicales no van con su estilo, con su forma de ser ni con su filosofía de entrenador. Era impensable que, de un día para otro, desmembrase el once titular que tantas alegrías y tantas victorias le había regalado. Tanto por razones estratégicas como por razones humanas.

Zizou es un adepto de la suavidad, un hombre con mano izquierda que sabe cambiar las cosas sin provocar seísmos. Y, sobre todo, sin grandes y duros discursos culpando a tal o tal miembro de la plantilla. No ha habido revolución sino evolución, una transición dulce con las integraciones de Valverde, de Rodrygo y cada vez más la de Mendy en el once titular. De esta operación el equipo ha salido más joven, más fuerte, más motivado y más competitivo. El nuevo Madrid del técnico francés ya funciona a pleno rendimiento. En el momento más adecuado...