¿De verdad es el fútbol de la gente?

Me pasé la tarde del domingo escuchando el sorteo de la Copa del Rey. Esta es una frase que jamás pensé que pronunciaría, y menos aún escribiría. Pero es que la Copa de este año ha despertado nuestro interés como hacía años que no sucedía. La razón hay que encontrarla en el bombo: uno, grande y libre.

En Becerril de Campos, provincia de Palencia, se les veía eufóricos cuando terminó el sorteo. El pueblo tiene 754 habitantes y un equipo de fútbol que hasta hace una semana casi nadie conocía. En diciembre se enfrentarán a la Real Sociedad; el Atlético Antoniano, equipo de Lebrija, jugará frente al Betis; o el madrileño El Álamo tendrá enfrente al Mallorca. Todas van a ser eliminatorias en las que, tanto en términos de fútbol como financieros, la distancia se va a medir en años luz. Y por ese motivo, esa semana en esos pueblos, ciudades o barrios todo va a adquirir una dimensión extraordinaria.

A veces los dirigentes devuelven el fútbol a la gente, como en este formato de Copa, y otras veces lo alejan, volviéndolo un producto —que no deporte— turbio e inaccesible. Y por eso, unas semifinales y una final españolas en Arabia Saudí. O también por eso, el Celta-Osasuna de LaLiga que se disputará el 5 de enero a las 21:00 de la noche cuando los niños estén ya eligiendo qué galletas dejar en la mesa del salón junto al vaso de leche. Melchor, Gaspar, Baltasar y el VAR. Decía Javier Tebas ayer que "a alguien le tiene que tocar jugar en la cabalgata de Reyes". Lo que no explica es por qué. Le faltó añadir un: "¿Es que los habitantes de Oriente no tienen derecho a ver despiertos el Celta-Osasuna?".

Quizá algún día lleguen a comprender que para que el fútbol sea de verdad de la gente hay que propiciar que ésta continúe yendo a los estadios. Por lo pronto, y para cumplir el cupo del 75% de público en según qué horarios, pueden explorar la vía de Moisés Aguilar Torres, alcalde de Pichucalco (México), que cuando no puede estar en dos sitios a la vez manda una réplica suya de cartón. Aficionados de cartón, todo es estudiarlo.