Las prisas son malas consejeras

Aunque uno se haya leído unos cuantos libros en su vida, siempre se vuelve a una, dos o tres obras fundamentales. Por mi parte están El gran Meaulnes de Alain-Fournier, El profeta de Khalil Gibran y Cartas a un joven poeta de Rainer María Rilke. Gracias este último descubrí que la paciencia era una de las bases de la búsqueda de la felicidad. Escribió este gran autor de la literatura alemana: "El verano llega, pero sólo llega para los que saben esperar. Tan tranquilos y abiertos como si tuvieran la eternidad por delante". Creo que los que quieren ver a Zinedine Zidane fuera del Madrid deberían abrir este libro y reflexionar sobre las prisas y el riesgo que representa asustarse tanto por una simple (aunque dolorosa) derrota en Mallorca.

Pensar que el entrenador de los nueve títulos en dos años y medio haya perdido de golpe su saber hacer resulta no sólo injusto, sino también peligroso para la propia entidad. Sacar las cerillas para quemar a los ídolos de un club, como lo es Zizou como jugador y como técnico, perjudica principalmente al propio club cuando la paciencia y la confianza son, sin ninguna duda, la mejor ayuda que se podría prestar para salir de este difícil momento deportivo. Yo no soy quién para reprochar nada a nadie, pero creo que los que hablan tan mal del entrenador francés a los que mandan no son los mejores amigos del madridismo.