ALBERTO MARTÍNEZ

Bandera blanca en Son Moix

Llegados a este punto en LaLiga y sin que mejore el equipo, el Espanyol necesita un cambio si no quiere convertir el curso en un via crucis.

Granero y Campuzano.
MIQUEL A. BORRAS
Alberto Martínez
Redactor de Fútbol y Más Deporte
Licenciado desde 2006 pero escribiendo crónicas desde 2003. En AS desde 2005, donde informa del Espanyol y de polideportivo, especialmente de deportes acuáticos. Ha estado en tres Juegos Olímpicos, cinco Mundiales de Natación y tres Europeos. Autor del libro ‘Jesús Rollán eterno’.
Actualizado a

El azucarillo. La victoria de Moscú se diluyó a la misma velocidad que un azucarillo en el Mar Mediterráneo, el mismo que envuelve la isla de Mallorca, donde el Espanyol plantó su bandera blanca en un partido que representó el hundimiento del barco capitaneado por David Gallego. Con la derrota, el equipo perico iguala el peor inicio de la era en Cornellà-El Prat (el otro, el del curso 2012-13 con Pochettino, acabó con el técnico despedido) y solo le supera el de Javier Clemente en la 2003-04, en la que el entrenador también hizo las maletas. La situación se agrava si echas un ojo al calendario y ves que quedan Barcelona, Real Madrid, Atlético, Valencia, Betis, Villarreal o Athletic, por ejemplo. El Espanyol necesita espabilar.

El cambio. Y en esa necesidad radica el futuro. ¿Es Gallego la persona adecuada para que el equipo funcione? La dirección deportiva, que ya en su momento propuso a Machín como primera opción, apuesta por hacer un cambio; pero el que decide, como siempre ha ocurrido en este tipo de casos, es Chen. Y en su paciencia radicará la decisión que se pueda tomar de forma inminente, por mucho que Capdevila haya comentado esta misma semana que su cargo no peligra.

Incongruencias. El partido de Mallorca desencadenó demasiadas incongruencias más allá del resultado. La “genética” a la que apelaba el técnico para explicar que un futbolista acusa los esfuerzos al jugar tan seguido se contrapuso con que nueve de los 11 titulares en Moscú jugaron de nuevo. Al mismo tiempo, el objetivo del Espanyol fue tener el balón para “desgastar” al rival, mientras que jugadores como Darder o Melendo, expertos en ello, lo vieron desde el banquillo. Y, luego, los infortunios y errores individuales, que se suceden una semana tras otra, mermados los jugadores en el ánimo y desorientados si no se adelantan.

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Fin estadístico. Con esta derrota, el Espanyol pone fin a una racha sin perder fuera de casa desde marzo del curso pasado. Y también Gallego rompe así con su mejor estadística, pues llevaba sin perder en los tres partidos del curso 2017-18 y los siete que acumulaba este año. Ya no queda eso a lo que aferrarse, una situación al menos positiva, una pequeña luz de esperanza que se apagó de golpe ante un Mallorca en el que, además, brillaron tres ex pericos: Raíllo, Sevilla y Pedraza. Especialmente el segundo, autor del 0-2 (no marcaba en Primera desde aquel gol de perico ante el Getafe con el que se inauguró el curso 15-16), quien se marchó entristecido y criticado por su difícil último año de perico.

Reflexión. Llegados a este punto, con el equipo siendo vulnerable atrás y estéril en ataque, con jugadores capitales el curso pasado ahora minimizados, el Espanyol necesita un cambio si no quiere convertir el curso en un via crucis.

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