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Este es el Madrid de la ilusión

Cuando Martin Odegaard (20 años) metió en la tarde del domingo un golazo al Mallorca en Son Moix, mi móvil empezó a echar humo. "Tomás, ¿has visto la zurda de este chico? El próximo verano tiene que volver sí o sí". Por suerte para el Madrid del futuro más cortoplacista (dentro de diez meses), pueden llegar de una tacada seis fichajes de alto nivel a coste cero. Imaginar que de pronto tendremos en el proyecto del curso 2020-21 a Achraf (Borussia Dortmund), Vallejo (Wolves), Reguilón (Sevilla), Ceballos (Arsenal), Odegaard (Real Sociedad) y Kubo (Mallorca) invita a recuperar la sonrisa tras la frustrante puesta en escena del pasado sábado en el Bernabéu.

No nos engañemos. Zidane ha aceptado e impulsado esta situación. Prefiere morir con las botas puestas, las de las tres Champions seguidas. Una apuesta humanamente comprensible, pero de alto riesgo en un fútbol digitalizado donde la alta tecnología ha dejado en segundo plano lo de la mano en el lomo del futbolista y el paternalismo emocional como cláusula encubierta de compromiso. Eso asume para Zizou un riesgo añadido indudable: acabar como el retrato de Dorian Gray, con el rostro desfigurado.

Por eso me apetece pensar en un futuro perfecto antes que en el presente imperfecto. Juventud es poder, una inyección de estímulo para regenerar la ilusión tapiada entre los andamios de la reforma del Bernabéu. Zidane es un grande de la historia del club y jamás olvidaremos su tridente de Champions (11, 12 y 13). Pero debe poner el semáforo en verde para el próximo cruce de caminos. La revolución nunca debe mutar en involución...