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Raúl empieza a perfilar su trazo

Raúl dirigirá al Castilla precedido por su reputación, la de un jugador histórico del Real Madrid, con unas características tan particulares que ahora se abre una incógnita apasionante: ¿Qué clase de entrenador será? ¿Sus equipos se parecerán a la manera de jugar que le caracterizó durante 16 años en el club y dos más en el Schalke 04? ¿Se sentirá cómodo en la Segunda B? ¿Cómo gestionará las peculiares exigencias del filial, integrado por chicos muy jóvenes, pero sometidos a un escrutinio constante? Son algunas de las muchas preguntas que despierta la presencia de Raúl en el Castilla, con toda una vida de éxitos como futbolista y un año de experiencia en el Cadete B y el Juvenil B del club.

La trayectoria de Raúl es la de un hombre que ha vencido en casi todos los desafíos que ha mantenido en el fútbol. Desde esa perspectiva dispone de todas las cualidades para aceptar un reto que multiplica su interés por las expectativas que asocian a su nombre. Nunca le faltó carácter, ni astucia, dos cualidades imprescindibles para recorrer esta temporada el camino inverso al que le entronizó en el Real Madrid. Entonces, 1994, era un chiquillo de 17 años que aprovechó instantáneamente la oportunidad de jugar en el equipo blanco. El resto es historia. Ahora es una leyenda que se dispone a preparar a un equipo de potenciales Raúles. Si alguien conoce al dedillo esa delicada experiencia es él.

Son varias las figuras que han cubierto con éxito el veloz tránsito de los equipos filiales al primer equipo. Javier Clemente saltó al Athletic con 31 años. Con 33 ganó su primera Liga. Un año en el Barça fue suficiente para que Guardiola comenzará su excepcional carrera como entrenador. Algo parecido sucedió con Luis Enrique, dueño de un palmarés impresionante. Zidane dejó el Castilla para dirigir al Real Madrid en tiempos turbulentos. Es el único entrenador que ha ganado la Liga de Campeones en tres ocasiones. Del Bosque protagonizó una variante singular: cerca de los 50 años pasó del Castilla al Real Madrid, donde ganó dos Copas de Europa y dos Ligas.

A diferencia de Xavi, modelado hasta la última fibra por el estilo del Barça, Raúl no está cribado por una escuela particular, salvo esa por esa característica inconcreta pero significativa en el Real Madrid: el gen competitivo, ganador. Raúl ha jugado para un sinfín de entrenadores, a veces en episodios muy contradictorios. De Valdano a Capello, por ejemplo. Con todos fue indiscutible. A la espera de su respuesta como entrenador del Castilla, no hay manera de disimular la expectación que ha generado.

Si el Castilla se parece al equipo que el miércoles derrotó con merecimiento y buen fútbol al Alcorcón, el resultado será muy parecido a los rasgos que destacaron en Raúl como jugador: dinámico, intenso, atento, atacante y sin retórica. La presión del Castilla sobre su agobiado rival fue constante, firme y bien articulada. No dejó respirar al Alcorcón. La construcción fue limpia, en busca de la profundidad y de la llegada rápida por los dos costados. Todos se aplicaron en sus labores, incluidos Kubo y Rodrygo –primer partido de ambos en el Castilla–, y siempre se dio la impresión de equipo compacto. No jugó Raúl, pero el aroma estaba allí.