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Griezmann llegó haciendo amigos

Griezmann ya viste los cuadros blaugrana del Barça, ya es historia en el Atleti, donde su placa en el paseo de las leyendas ha empezado a tener tratamiento Hugo Sánchez-Courtois. No todos los afectos en el fútbol son permanentes. No todos los jugadores son Torres, Raúl o Puyol, que se hacen carne y sangre de un club, estén o no en él. Otros van y vienen, cumplen, pero no son amores para siempre. De lo de Griezmann y el Atleti podría decirse que fue bonito mientras duró si no fuera porque lo ha afeado la tabarra de querer irse al Barça desde que llegó, algo que empeoró con el numerito del verano pasado.

Aquello molestó incluso a la afición del Barça, que le esperaba con más ganas hace un año que ahora, cuando se había llegado a ilusionar con el regreso de Neymar. Hace un año, Griezmann provocaba una gran ilusión, ahora ya no tanta. Pero llegó bien aleccionado y su presentación fue impecable. Nada de comer en la mesa de Messi, al que definió como sólo comparable a LeBron James al tiempo que se ofrece para atiborrarle a asistencias, como se ofrece a Luis Suárez para cebarle el mate. Respecto a Coutinho, le reconoce como dueño del 7. Él se conforma con el 17. Una aparición humilde, apropiada para hacer amigos.

Queda el pleito del Atleti, que no creo que tenga recorrido. La cláusula se ha ejecutado en julio, cuando ya es de 120 millones, no cuando era de 200. Claro que hablarían antes, pero pasa siempre. En realidad, el Atleti ya daba por descontado que Griezmann se iría ahora. Se le retuvo con un sueldazo y aquellos 200 de cláusula por la final de la Champions en el Metropolitano, pero al programar al tiempo la reducción a 120 fijaba la fecha de su salida. Cierto que ha habido manejo incorrecto y desconsiderado por parte del Barça y Griezmann, pero no creo que la reclamación prospere. Ahora toca pensar en Joao Félix. A rey muerto, rey puesto.