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Raúl, Xavi y Alonso: un desafío a la altura de sus nombres

Una colección de grandes nombres del fútbol define la última remesa de entrenadores, varios de ellos destinados a conducir algún día a los mejores equipos españoles. La identificación de Xavi, Raúl y Alonso con sus equipos originarios añade otro factor de gran interés. Raúl y Xabi Alonso, por citar a dos jugadores que han hecho historia, empezarán su desempeño en los segundos equipos del Real Madrid y la Real Sociedad. No será un trabajo menor. El grado de exigencia en los filiales es muy alto, sometidos al minucioso escrutinio del club, de los aficionados y de los medios de comunicación, especialmente cuando los dirigen antiguos ídolos, en este caso dos exfutbolistas mitificados en los clubes donde comenzaron sus brillantes trayectorias.

A esta quinta de nuevos entrenadores también pertenece Xavi Hernández, asociado al Barça desde niño, vínculo que no se ha roto en Qatar, su última estación como jugador y próximo desafío como técnico. Sin embargo, de Xavi se espera algo similar a Guardiola: el inevitable paso por el Barça. La única incertidumbre es cuándo ocurrirá, tanto por el tiempo de su aventura qatarí como por las complejas situaciones que se generan en el club, sometido a vaivenes deportivos, sociales y políticos. Guardiola figuraba como director deportivo en la candidatura de Lluis Bassat, perdedor en las elecciones de 2003, y no comenzó su recorrido como entrenador en el Barça B hasta 2007.

Raúl y Xabi Alonso se encuentran en su espacio natural. Uno, en el Real Madrid. Otro, en la Real Sociedad, a pesar de su larga relación futbolística con el Madrid, incluido un año como entrenador del equipo cadete. Es en la Real Sociedad, sin embargo, donde las expectativas alrededor de Alonso son máximas. Lo mismo ocurre con Raúl en el Real Madrid.

Los tres se distinguieron por cualidades que permite pensar en ellos con optimismo: conocimiento del juego, carácter y liderazgo. Cada uno ofrecía rasgos específicos, pero en general siempre funcionaron como entrenadores en el campo. Eran más que futbolistas, desentrañaban el juego y aplicaban las recetas convenientes a cada situación. Todo ello en equipos de máximo nivel, incluida la Selección española.

Nada les asegura el éxito en un mundo que se mueve con una velocidad vertiginosa y olvida pronto. Por una parte, son unos privilegiados. Su trayectoria futbolística les ha ayudado a situarse en una posición que desearía cualquiera de sus compañeros de promoción, algunos de ellos con un historial impresionante. Por otro lado, las expectativas en torno a ellos son tan elevadas que deberán cumplirlas desde el primer momento. El reto será enorme.

Su ingreso en el universo técnico llega en un momento de máximo reconocimiento de los entrenadores españoles. No hace tanto, finales de los años 80 y década de los 90, LaLiga estaba repleta de entrenadores extranjeros, tanto en los equipos más potentes como en las últimas posiciones de la clasificación. En apenas 20 años se ha producido una transformación radical, casi revolucionario.

Cuando Rafa Benítez ganó LaLiga con el Valencia y salió de España para triunfar en el Liverpool, se inició un nuevo camino. El éxito de Guardiola en el Barça y la fenomenal reputación de la selección española, ganadora del Mundial y de dos Eurocopas (2008, 2012), generó una nueva percepción de nuestros entrenadores, repartidos ahora por los mejores campeonatos de Europa. A esa generación (Benítez, Guardiola, Luis Enrique, Emery…) les sucederá un grupo de entrenadores adiestrados en el éxito como jugadores, sin trabas, ni complejos. Lo ganaron todo o casi todo, dejaron huella por donde pasaron. Ahora les llega un nuevo desafío. Todo indica que están perfectamente preparados.