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Thiem, en versión 3.0

Rafa Nadal designó el año pasado a su heredero en Roland Garros. “Estoy seguro de que algún día ganarás aquí”, le regaló los oídos a Dominic Thiem tras darle un repaso (6-4, 6-3 y 6-2). Era la primera final de Grand Slam para el austriaco, que ya venía avisando al llegar a la penúltima ronda en 2016 y 2017. Desde entonces, ha madurado su juego con el refuerzo de ganar otra vez al tirano de la tierra (y van cuatro), ha conquistado su primer Masters 1.000 en Indian Wells derrotando a Roger Federer y ha demostrado temple para aguantar las embestidas de Novak Djokovic en un partido a cinco sets. El primero para él en París en la agonía de las cinco mangas.

El austriaco tiene un puño de hierro y carácter. Un espíritu de lucha parecido al que forjó Tío Toni en Rafa con jornadas interminables en Manacor. Thiem endureció su cuerpo y su mente con el entrenamiento casi militar al que le sometió el extravagante preparador Sepp Resnik durante tres años desde 2012. El gimnasio se cambió por carreras de 15 kilómetros de madrugada. Las pesas, por troncos de 25 kilos que había que portear. El vestuario fue el bosque y la piscina, un lago helado. Lo que no te mata, te hace más fuerte. Y él salió vivo. Ahora, ya muestra su versión 3.0.

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