Zidane como anestésico
La remodelación futura de la plantilla es el precio para que Zidane haya vuelto para anestesiar el dolor blanco en estas semanas de desierto.

Lo de cambiar algo para que algo cambie, por mucho que suene a tópico, tiene cierta base. El Real Madrid es otro desde que Solari tomó la salida y Zidane, el relevo. La realidad blanca sigue siendo un terruño yermo que, al menos este curso, no rendirá frutos: tercero en LaLiga, eliminado en Champions y Copa, con estrellas como Bale cotizando a la baja… Y pese a todo, se respira en la entidad y en la afición un aroma de optimismo, una inclinación natural a pensar antes en lo bueno que está por venir que en lo malo que ya está aquí. Es el efecto calmante del que Zidane ha recubierto a todo el madridismo, Florentino Pérez el primero.
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Nadie como el presidente se ha visto beneficiado de esta jugada; tras dos ceses de entrenador (Lopetegui y Solari) en poco más de cuatro meses, las posibilidades de que la grada del Bernabéu empezase a girarse hacia el palco pidiendo explicaciones crecían exponencialmente. Ya tras la derrota ante el Barcelona en LaLiga brotó cierto runrún y tres meses de jugar por el simple hecho de cumplir con el calendario y cubrir el expediente podían hacerse eternos.
En el club se desliza que Zidane dejó el cargo por puro agotamiento; algo de eso habría, pocos asientos desgastan más que el del Bernabéu. Pero no iban sólo por ahí los tiros, el propio técnico lo reconoció al dimitir: “No veo claro seguir ganando. Me gusta ganar y si tengo la sensación de que no voy a ganar… Hay que cambiar algo”. También señalan en el Madrid que la salida del marsellés nunca fue un “adiós”, sólo un “hasta pronto”. Ese “pronto” ya ha llegado, anexo a la promesa de una remodelación necesaria de los cimientos de la plantilla. Ése ha sido el precio (ya veremos con los fichajes, si bien o mal invertido) para que Zidane haya vuelto para anestesiar el dolor blanco en estas semanas de desierto.



