La congoja al pie del trampolín
Imaginemos por un momento que Diego López detiene ante Ben Yedder su tercer penalti de la temporada y que el Espanyol mete uno de sus tres remates...

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Imaginemos por un momento, y no era un escenario muy improbable, que Diego López detiene ante Ben Yedder su tercer penalti de la temporada y que el Espanyol mete uno de sus tres remates a puerta (los mismos, por cierto que hizo el Sevilla). ¿Tendría que ver el ánimo con el que hoy se percibe? Desde luego que no. La bipolaridad es manifiesta y se sublimó el día del Valladolid, cuando se arrancó Cornellà a hacer la ola a 15 minutos del final y con un marcador (3-1) todavía maleable, que por suerte no se movió. Un comportamiento de extremos que la grada simplemente ha adquirido de su equipo, de su club.
Este Espanyol del ‘Darderismo’, que pudo ser líder una vuelta atrás, que amontona atacantes ante la adversidad, es el mismo que a domicilio se arropa últimamente hasta sudar del calor. El que, salvo el día del Leganés, ha desaprovechado casi todas sus balas, ya fuera para salir de abajo o para dar el salto. El Espanyol que se acongoja a pie de trampolín. Sucedió por ejemplo en Valladolid, Sevilla, contra el Huesca en casa, o en la Copa en el Villamarín, una de las diez remontadas en contra por dos a favor. Pasan los técnicos, los jugadores, y la bipolaridad se repite año tras año. Eso es lo peor.



