ATLÉTICO-ESPANYOL

Una buena manera de perder

Si la Navidad es época de ilusiones y de nuevos comienzos, el equipo expuso en el Wanda que 2019 puede traer de nuevo el Espanyol originario. ¿Hasta dónde le alcanzará?

Alberto Martínez
Redactor de Fútbol y Más Deporte
Licenciado desde 2006 pero escribiendo crónicas desde 2003. En AS desde 2005, donde informa del Espanyol y de polideportivo, especialmente de deportes acuáticos. Ha estado en tres Juegos Olímpicos, cinco Mundiales de Natación y tres Europeos. Autor del libro ‘Jesús Rollán eterno’.
Actualizado a

Brotes verdes. El Espanyol recuperó su mejor versión en el Metropolitano ante un Atlético rácano pero eficaz, capaz de marcar y luego protegerse en un caparazón que no es de carne y hueso si no de hormigón armado. Pese a las seis derrotas seguidas, una mala manera de acabar el curso y de sepultar la esperanza europea de las primeras 11 jornadas ligueras, el equipo de Rubi dio síntomas positivos en su juego. Si la Navidad es época de ilusiones y de nuevos comienzos, el equipo expuso en el Wanda que 2019 puede traer de nuevo el Espanyol originario. ¿Hasta dónde le alcanzará?

Fogonazos. Con la incursión de Naldo en el equipo y la suplencia de Marc Roca, Rubi quiso protegerse más en la creación. Al contrario de lo que pudo parecer, el Espanyol fue un equipo muy aseado con el esférico, con buena salida de balón. Crearon peligro los blanquiazules al galope, como la carrera de Leo Baptistao a lo Ronaldo Nazario, o con las vaselinas frustradas de Borja Iglesias y Granero, al más puro estilo Bergkamp. Oblak fue el mejor de los atléticos, mientras que Darder, Granero y Dídac volvieron a conectar con más fluidez.

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Ni la pedrea. No le tocó el Gordo al Espanyol como sí el curso anterior en el último encuentro del año. En este caso, ni la pedrea. Y eso que los de Rubi compraron muchos boletos para salir con algún premio de Madrid. Una decepción, más por el resultado que el juego, que se engloba en las seis derrotas seguidas del Espanyol en LaLiga, que iguala el récord histórico. Unas 17 jornadas en las que la afición perica ha creído en poder clasificarse para la Champions a ahora mirar con recelo la zona baja de la tabla. Ni tanto ni tan poco, aunque por lo visto en el Wanda la mala racha puede tener ya fecha de caducidad.

Flagelación. No es cuestión de flagelarse ni de buscarle tres pies al gato en cada decisión que tome Rubi o en cada derrota del equipo. Al acabar la primera vuelta se podrán hacer balances del rendimiento colectivo e individual, aunque queda claro que este Espanyol en su plenitud, con su mejor equipo y en buen estado de confianza, puede competir por la sexta o séptima plaza. Pero mantener ese nivel en cada partido es otra cosa. Nuevamente, al equipo le faltó gol, ese gelocatil que te levanta en los días más inapropiados.

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