IVÁN MOLERO

Iglesias a las puertas del cielo

Pocos creerían que se marcharían con mal sabor de boca los pericos de Zorrilla sumando 18 puntos y siendo colíderes junto al Barcelona. Y eso dice mucho de este Espanyol.

Iván Molero
Redacción de AS
Llegó al Diario AS como estudiante en prácticas en 2002, y desde que se licenció en Periodismo por Blanquerna, de la Universitat Ramon Llull, se ha especializado en la información del Espanyol, sobre el que también ha co-escrito libros, todo ello atendiendo al seguimiento de otros equipos, deportes y eventos desde la delegación de Barcelona.
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Que levante la mano quien con sinceridad creyera, el día en que se sorteó el calendario de Liga, que aquel lejano Valladolid-Espanyol de la décima jornada se convertiría en uno de los duelos más apasionantes, cuando menos, del primer cuarto de campeonato. Pues así lo fue. Y no solo porque, inopinadamente, ambos equipos se plantaban con la opción gloriosa de dormir líderes en caso de victoria. También por cómo se desarrolló.No fallaron las rachas de pucelanos y pericos, como tampoco defraudó el enfrentamiento en los banquillos: Sergio y Rubi, recientemente designados, ‘ex aequo’, como mejores entrenadores catalanes del año. El 1-1 de Verde sobre la bocina reflejó lo que fue el choque: un primer tiempo repleto de ocasiones visitantes y una reanudación de progresivo asedio local y de achique perico.

Igual que nadie prevería hace tres meses la pasión con la que se viviría este Valladolid-Espanyol, también pocos creerían que se marcharían con mal sabor de boca, incluso decepcionados, los pericos de Zorrilla sumando 18 puntos y siendo colíder junto al Barcelona. Y eso dice mucho de este equipo, que empuja con la misma fuerza con la que Borja Iglesias empujó el balón en el 0-1 y que tan capaz es de combinar en algunos partidos como de esperar, jugar a la contra, de robar, trazar transiciones y de solidarizarse atrás con la soberbia pareja David López-Hermoso, a la que solo una falta ‘in extremis’ pudo batir. Hambre en ataque y en defensa. Igual que el propio Valladolid, estajanovista como Sergio. Y que la afición blanquiazul, que cada vez quiere más y más. Y eso, lejos de presionar, aumenta la capacidad de soñar.

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