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Pedaladas

Vamos a hablar de ciclismo, pedalada a pedalada. De sus gestas y de sus miserias. Desde mi experiencia como periodista en treinta grandes vueltas y en otras múltiples batallas...

Autor: Juan Gutiérrez

PEDALADAS

#LaRuta: La mentira de Steinès inmortalizó los Pirineos

#LaRuta: La mentira de Steinès inmortalizó los Pirineos

“Tourmalet atravesado. Stop. Muy buena ruta. Stop. Perfectamente practicable. Stop. Firmado, Steinès”. Este telegrama enviado a Desgrange cambió la historia del Tour.

El telegrama que envió el periodista Alphonse Steinès al patrón Henri Desgrange en aquella mañana de la primavera de 1910 decía lo siguiente: “Tourmalet atravesado. Stop. Muy buena ruta. Stop. Perfectamente practicable. Stop. Firmado, Steinès”. Aquella mentira inmortalizó los Pirineos en el Tour. Desgrange se mostró inicialmente reticente a la idea: “¡Ni hablar! Los Pirineos son una región salvaje”. Pero, ante la insistencia de su colaborador, pidió a Steinès que explorara la ruta. El periodista alquiló un coche con chófer y puso rumbo al sur.

Primero visitó al ingeniero Blanchet, seguidor del Tour y lector de L’Auto, que le recibió sorprendido: “En París están al borde la locura”. Blanchet confirmó la viabilidad del Peyresourde y el Aspin, también del Aubisque con caros arreglos, pero descartó el Tourmalet: “Imposible”. Steinès no desistió y viajó al monte, con la siguiente advertencia: “Cuidado con los osos”.

El amo del albergue de Sainte Marie de Champagne le dio otro consejo: “Cuente los mojones de la carretera. Cuando llegue al 19, estará en la cima”. Y allá se fue Steinès en el coche con el chófer, que sólo llegó al mojón 16, porque una barrera de nieve bloqueaba la vía. “Sigo a pie. Rodee la montaña y me espera en Barèges”, se empecinó.

El periodista, en algunos tramos con nieve hasta las rodillas, fue avanzando. Entonces encontró a un pastor con un perro, al que ofreció 20 francos para que le acompañara al paso. Una vez coronado el puerto, de noche, Steinès procedió a bajar, ya en solitario. Iba perdido, desorientado. Oyó un alud. Sólo veía Baréges a lo lejos. Comenzaba a desfallecer cuando distinguió unas pequeñas luces. Eran el chófer, un corresponsal de L’Auto y varios gendarmes que habían salido a su búsqueda. Se acostó a las tres de la mañana, pero se levantó pletórico. Tenía que poner un telegrama a Desgrange.

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