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Sobrevivir sin Cristiano

Sucede cuando recibes un golpe inesperado, repentino. En primera instancia, te quedas conmocionado, sin saber muy bien qué ha ocurrido y, sobre todo, por qué. A continuación, intentas, con la mayor dignidad posible, soportar el dolor. En un tiempo apreciable, todo eso quedará atrás. Superado. Apunto a lo cotidiano, no pretendo ahuyentarles con un texto trascendental. Un impacto traicionero en el tobillo con la pata de la cama, por ejemplo; un cajón que te sorprende y se cierra, fulminante, en tus dedos; o la dimisión inesperada de Zidane. La marcha del francés, por imprevista, dejó una sensación de frío y orfandad entre el madridismo. No ha sucedido así con Cristiano Ronaldo, el máximo goleador de toda la historia del Real Madrid. Gratitud, sí. Admiración, también. Lágrimas, pocas, muy pocas.

Porque Cristiano no se fue ayer del Real Madrid. Se ha ido marchando poco a poco. Una portada de A Bola por allí, unos desencuentros (muchos) con Florentino por allá, ahora enfrío la fiesta de la Decimotercera sugiriendo mi marcha tras nueve años de relación... Ya saben lo que dicen: cuando aseguras que te vas es que ya te has ido. Vaya por delante que en estas líneas no encontrarán ninguna sentencia que determine quién, tras el divorcio, se quedará con el coche y la casa y quién con los niños. Ya ha habido muchos juicios y diferentes culpables. Dependerá del juez que haya redactado el texto. Simplemente, Cristiano y Florentino no aguantaron más. Y lo dejaron. Por carta. Pero esa calendarización del adiós, con varios excesos de ego del portugués, ha servido para amortiguar la pena, para que el madridismo comenzara a masticar su marcha y explica, ahora, que no haya sufrido ningún corte de digestión. Tristeza, sí; drama, no.

¿Y ahora qué? Cristiano y el Real Madrid deberán acostumbrarse a vivir el uno sin el otro. El portugués ya se ha dejado ver brindando con su nueva novia y parte de su familia. Esta es la nueva vida que quiero, parecía decir en esa imagen capturada por Maisfutebol. El Madrid, mientras, busca sustituto. Debería el club meditar qué camino coger, qué futuro elegir. Suscribirse a Tinder y abrazarse a la primera estrella que se parezca a Cristiano no sería recomendable. Porque no hay un jugador en el mercado tan determinante como el portugués. Nadie, salvo Messi, te garantiza 50 goles por temporada. El Madrid no podrá comprar el gol que se va con Cristiano. No en vano, salir con él en el once era ir ganando 1-0. Ni Neymar, ni Mbappé, ni Hazard lucen la exhuberancia del ahora delantero de la Juventus, por lo que el equipo blanco tendrá que encontrar los goles como consecuencia de una idea, de jugar bien. Más allá de si llegan Neymar, sus memes y sus toiss; Hazard y su balón cosido al pie; la potencia ronaldiana de Mbappé; o la eficacia británica de Kane, es tarea de Lopetegui enseñar ahora al Madrid a sobrevivir sin Cristiano. Al principio se hará extraño mirar al césped del Bernabéu y no ver a ese '7'. Habrá noches, incluso, en las que su recuerdo sea doloroso. Pero recuerden, tras un tiempo apreciable todo quedará atrás. Superado.

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