Un gol de Iago Aspas y nada más

Los clásicos solían decir que con la Selección nunca hay amistosos, que todos son importantes, porque todos ponen en juego el prestigio futbolístico del país. Pero eso valía más para otro tiempo, en el que por cierto había pocos partidos oficiales, que para hoy. Ahora se distinguen claramente unos de otros y con La Roja, más. Rara vez en un partido que no es de campeonato se emplea de verdad. El de ayer fue claramente un amistoso jugado con cierta desgana, que en algún momento nos recriminó el público de Krasnodar, esa ciudad que nos ha acogido tan bien que hasta nos pintaron el toro de Osborne en el centro del ruedo.

Supongo que es inevitable. El Mundial está cerca, hay miedo a una lesión, y además impone lo que viene, Portugal. Es difícil motivarse para un partido así. No tanto para Túnez, para la que tener enfrente a España era un estímulo. Se notó. España salió bien, presionando arriba, pero pronto aflojó y Túnez, un equipo bien hecho, nos buscó las rendijas que con frecuencia dejamos atrás. Por suerte, a ese equipo tan bien compactado le faltaron los dos mejores elementos del ataque y no supieron rematar. Así que al menos salvamos el resultado, con ese gol final de Iago Aspas, en jugada que a Diego Costa primero se le nubló pero luego finalizó bien.

Lopetegui utilizó tres modelos. Al principio, el tiqui-taca, la nubecilla de tocadores (Silva-Iniesta-Thiago-Isco) con Rodrigo arriba, pero los violines no estaban afinados. Tras el descanso acudió al ‘plan B’, Lucas Vázquez y Asensio a los lados, como extremos en su banda natural, con Diego Costa de percutidor por el centro. Tampoco fue gran cosa. Y acabó jugando con tres defensas, Sergio-Piqué-Nacho (no es la primera vez que lo hace) y reforzando arriba con Iago Aspas, que obtuvo el premio de ese gol redentor, que maquilla un poco el mal partido, aunque luego nos dejó un poco preocupados al comentar lo de las sensaciones...