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Tercer tiempo

Tercer tiempo

Ídolos

Tengo dos ídolos en el fútbol de ahora. Tuve muchos a lo largo del tiempo. Ramallets, Di Stéfano, Kubala, Luis Suárez, Jesús Garay Vecino, Marquitos, Ben Barek, Carmelo, Iribar, Amancio, Gento. Son tantos. Me hice de todo el fútbol, apuntaba en los márgenes de los álbumes circunstancias de los futbolistas. Recuerdo cuando murió Herrerita. Le puse una orla negra. El fútbol era admiración y afecto. Después vino la afición, que te hace optar por este o por el otro, y ya eliges tu equipo. Es también una satisfacción, dirigir tu afecto a unos colores. Lo malo es perder el afecto a los otros.

Zidane, Iniesta

Uno es de un equipo, no tiene por qué desear el mal al contrario. Esa es una estupidez. Pero el hombre tiende a la estupidez, y a ella nos lleva el exceso de pasión, que nubla afecto y sentimiento. Me alivian de esas especulaciones que hace la moral de victoria con la actitud de los hombres dos personajes del fútbol de esta época. Zidane e Iniesta. Zidane es un entrenador noble, porque fue un futbolista justo, un gran jugador del medio campo, generoso atrás, determinante arriba. Iniesta calza sus modos: diestro atrás, inexcusable referencia de ataque. Iniesta se está yendo.

Magisterios morales

Los de ambos futbolistas son magisterios morales, referencias en la grada. Cuando cualquier de los dos dice algo que me gusta me fijo en el graderío: eso es pedagogía. Y suelen ser buenos pedagogos, dicen cosas que mejoran el espíritu de la grada, termómetro ético del fútbol. Zidane ha atemperado destemplanzas de su grada, e igual ha hecho Iniesta. Le escuché decir a Zidane que su equipo es el mejor. No suele hacerlo. Si Iniesta lo dijera del suyo (que es el mío) me sentiría igual de inquieto. A la afición siempre hay que bajarle los humos, pues se siente invencible y violenta cuando no gana.

Semana inquietante

Fue una semana inquietante. Por el canto de un duro los mejores no son del todo los mejores. Me alegra el triunfo de los adversarios, al fútbol español le conviene el Real Madrid allá arriba. Al Barça no conviene despreciarlo por el traspié de Roma, tan grave. Es bueno pararse a pensar en las circunstancias de unos y de otros y dejar de hablar como si la temporada se le hubiera borrado al Barça mientras que la de sus adversarios resplandece. Saber perder (Ernesto Valverde lo ha demostrado) es también virtud de Iniesta, de Zidane. El fútbol necesita estos vocabularios. Las bravatas son para noctámbulos grises.

Crujir de dientes

Me produce mucha pena el porvenir de la UD Las Palmas, su tremendo descalabro. Abajo es el crujir de dientes. Me inquieta el Athletic, tan triste esta temporada. Me emociona el fútbol gallego, tan disponible para luchar. El Valencia hizo buen fútbol en el Camp Nou, pero se dejó ir en el segundo gol. Ter Stegen jugó contra sí mismo. Me vuelve a gustar la Real Sociedad, tan medida, este Illarramendi es un tesoro del pase, como Isco... El Betis se alza con la corona andaluza, el Sevilla se hace italiano, tan imprevisible. Me gusta ver fútbol, es así desde los tiempos de Di Stéfano. Encuentro que ahora se habla en exceso de arbitrajes. Una pesadez.

Don Andrés

De todos aquellos futbolistas que me hicieron aficionado hubo uno excepcional, Luis Suárez, al que llaman Don Luis Suárez en el Carrusel Deportivo de Dani Garrido, de donde ahora falta por razones personales. Cuánto lo echamos de menos. Aquel don Luis hizo mejor el fútbol, como lo ha hecho mejor Don Andrés. Cuando anunció el propio Iniesta que se estaba yendo, aunque el público le pidiera lo contrario, sentí un vuelco. Otros se están haciendo a su molde, pero tardará en aparecer un jugador tan bueno en el mejor sentido de la palabra bueno, que este muchacho que el sábado hizo jugadas de antología. Viva don Andrés y quienes se le parecen. Zidane, por ejemplo.

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