Dormir en autobús y librarse de los virus
Un virus gástrico recorre el campamento del Dakar donde siempre es bueno ahorrarte horas y kilómetros para trabajar más fresco.

El Dakar tiene ángeles de la guarda repartidos por el vivac, como ese conductor local de autobús que te abre la puerta de noche para que no tengas que montar la tienda de campaña sobre la arena fina y penetrante de Pisco. Con su amabilidad salvó la primera jornada de desierto, porque su vehículo promete con un cartel “cama de 180 grados real” y lo cumple, incluyendo un baño accesible y espacio, sino en algo mejor.
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Eso ayuda a sobrellevar el intenso calor y sobre todo el polvo que todo lo llena. Aunque el Dakar sería más fácil sin ese virus gástrico que recorre el campamento. Laia Sanz lo sufrió en los días previos de Lima, hoy el copiloto de Al-Attiyah, el francés Baumel, necesitó un receso durante la carrera. También lo acusa Lucas Cruz, la mano derecha de Carlos Sainz. Lo sufren los grandes y lo sufren los rookies, como el redactor de As.

Afortunadamente esta noche habremos dejado Pisco camino de San Juan de Marcona. Muchos celebraban los bucles del Dakar como este de las primeras dos jornadas, evitando desplazamientos a las asistencias, organización y Prensa. Y tienen razón, siempre es bueno ahorrarte horas y kilómetros para trabajar más fresco, pero de lugares como el desierto de Pisco mejor marcharse cuanto antes.





