Zidane y los vendedores de crecepelo

Zidane y los vendedores de crecepelo

Imagino que cuando antes del partido de esta noche Zidane y Valverde se saluden, al flamante técnico azulgrana le entrarán ganas de preguntarle al francés por su pócima mágica. Zizou llegó a un club en pleno proceso de autodestrucción y en dieciocho meses se ha puesto el Madrid por montera. Y lo ha hecho sin perder ni la sonrisa ni la naturalidad. El técnico madridista está dejando con el culo al aire a mucho vendedor de crecepelo que pasa de banquillo en banquillo, hablando mucho, ganando poco y creyéndose el ombligo del mundo... El francés no se tira el pisto con sesudos análisis futbolísticos ni pone cara de estreñido en las conferencias de prensa. Ni falta que le hace. Su método es simple pero efectivo: un grupo unido a muerte que agradece que su entrenador les ceda el papel protagonista.

Una receta que puede parecer sencilla a primera vista, pero que es muy difícil de llevar a cabo con éxito en un club tan complejo como es el Madrid. Zidane da las órdenes mirando a la cara de futbolistas que lo admiran y que además saben que el despacho de su jefe está siempre abierto para ellos. Valverde se encuentra, por su parte, en ese momento en el que el vestuario le está estudiando de manera minuciosa. Ese momento en el que Guardiola supo meterse al grupo en el bolsillo y en el que a Luis Enrique le pararon los pies por pasarse de frenada. El nuevo entrenador azulgrana se enfrenta en esta Supercopa de España a su primer gran examen ante un equipo que está haciendo historia y contra un entrenador que primero te sonríe y luego te gana. Va a ser un duelo apasionante.

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