Un campeón fuera de los circuitos

Tenía algo. No hablo de lo estrictamente deportivo, del talentazo para llevar al motociclismo español a lo más alto del motociclismo mundial, esa selva en la que los británicos e italianos que por aquellos años se movían a su antojo. Me refiero a lo que Ángel Nieto era fuera de los circuitos. Y más aún, a lo que Ángel Nieto era fuera de los circuitos hoy día, cuando sus gestas deportivas quedan tan lejos. Carisma, quizá es eso, carisma. Porque de otro modo no se entiende que chavales de diez años se le acercaran a pedirle un autógrafo en la romería en que se convierte un Gran Premio más allá de la pista.

Hace un año volví a comprobarlo de cerca. Estábamos en el madrileño Parque del Retiro, en un acto fruto de la iniciativa común de la Fundación Repsol y la Compañía Blanca Marsillach de teatro para personas con discapacidad. Y allí estaba Ángel, amigo de Blanca, siempre dispuesto a ayudar. "Si hay que ser actor, pues actor", decía Nieto antes de subirse a las tablas. Luego llegó lo bueno. Improvisó una escena en la que invitaba a subir a su moto a Blanca, para llevarla a dar una vuelta. Y sólo con esa escena, en la que el traje de actor le sentaba como un guante, llenó de risas y aplausos el salón de actos de la Casa de Vacas del Retiro.

Con todo el carisma

Ángel sabía que quienes llenaban las butacas necesitan el cariño de todos y él no dudó en mostrárselo. ¿Sabían aquellos chicos que Nieto fue campeón del mundo por primera vez en 1969? ¿O que en el 72 hizo doblete mundial con los títulos de 50cc y 125cc? ¿O que sólo Agostini tiene más campeonatos que él? No, apuesto a que no lo sabían. Pero seguro que si mañana les preguntan qué les pareció Ángel aquel día que lo tuvieron tan cerca, dirían: "Un tío muy majo". Lo conocí poco, pero por lo poco que lo conocí, lo era. Muy majo. Descansa en paz, Ángel.