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Para frenar la violencia en el fútbol base: educar en valores y no en resultados

Para frenar la violencia en el fútbol base: educar en valores y no en resultados

Violencia en el fútbol base. La violencia en el fútbol es especialmente más cruda en el fútbol regional y de base. Pero es un tema de tal importancia que no queda otra que hablar de ello. Hay que ser pesado. Me comentaba una amiga, madre reciente, que tiene una ventana que le da a uno de esos campos, que no entra en sus planes acercar a su hijo al fútbol para que vaya un par de veces por semana a aprender violencia, frustración y después querer una camiseta de unos cuantos euros. De lo que tiene que oír y ver. De padres y entrenadores. Del árbitro no me cuenta nada, a lo mejor ni lo siente de lejos.

Imágenes vergonzosas. Esta semana estamos todos muertos de vergüenza con esos padres que se han dado unos palos y a los de los informativos se les ha ocurrido pasar las imágenes. No es nada del otro jueves que unos cuantos gallos de pelea, más frustrados que lúcidos y ejemplares, saquen las crestas en la grada. Pero es mucho más habitual, mucho, en cada partido de cada fin de semana que haya agresiones verbales y físicas a esos árbitros, que son los grandes olvidados porque los comités territoriales imponen su criterio por encima de los comités arbitrales. Poniendo a la base arbitral como necesaria, que lo es, admirándola, difundiendo esa conciencia y diciendo que si cada fin de semana agredieran a un árbitro profesional la cosa tendría sus merecidas consecuencias, la cosa cambiaría.

Las víctimas. Pero claro, las víctimas no aparecen en la prensa ni en las redes ni para echarles la culpa ni para hacer memes. No son más que cuatro gatos que conocen en su casa vestidos de arbitruchos. Esta misma amiga de la ventana que dice que fútbol ni por la tele, también es psicóloga y me cuenta algo de la leve pendiente de la maldad o el ‘efecto Lucifer’.

Educar en valores. Vamos, que la violencia engendra más violencia. Y que si un entrenador (malo) o un padre (peor) se dedican a gritarles a los niños que “a ver si les pesa el culo”, “que es un matao”, “que al enemigo ni agua” y toda esa sarta de improperios, y al árbitro que si es “un gilitonto”, “que si no ha visto”, pasa lo que pasa. En cualquier momento vuela la primera mano. Algunos dicen que hay que vetar en los campos a esos benditos ancestros, angelitos de hooligan. Para mí el tema no es buscar culpables porque todos participamos de esa cultura de la violencia, es buscar soluciones. La de siempre y principal: TOLERANCIA CERO. Otra solución sería entrenadores de táctica y licencia, sí, pero en esta vida y a esas edades lo más importante es formar en los valores del deporte y no en los de los resultados.

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