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La ecuación de los teleñecos

La ecuación de los teleñecos

Sorprendió el dibujo del Real Madrid frente a Osasuna, y seguro que Zidane puede dar razones convincentes para su decisión de alinear a tres centrales (Varane, Sergio Ramos, Nacho) y dos carrileros (Danilo, Marcelo). El sistema generó dudas al espectador medio desde el comienzo del encuentro. Osasuna resistió bien y generó más ocasiones de las previstas, incluido un gol que dejó en mal lugar a los tres centrales, desubicados frente a Sergio León, el único delantero del equipo navarro. La defensa no entendió las matemáticas de los teleñecos, donde tres es mucho más que uno, y no al revés. Por lo demás, Sergio León marcó un gol de categoría.

Zidane ha favorecido últimamente la fórmula de los tres centrales. Se lo pide el cuerpo, o eso parece. La ha utilizado en situaciones de máxima emergencia -partidos que exigen la remontada en los últimos minutos- o en la Liga contra el Sevilla. El Madrid perdió aquel partido, pero Zidane mantiene su fe en la idea. La hinchada tiene más dudas. El Real Madrid ha sido históricamente un equipo con cuatro defensas. En el resto de las líneas ha habido de todo, y casi siempre muy bueno, aunque los más memoriosos seguro que recuerdan la alineación de Vicente del Bosque en la final de la Copa de Europa en París: dos carrileros (Míchel Salgado y Roberto Carlos) y tres centrales (Iván Campo, Helguera y Karanka).

Dicen que Zidane tiene muchas cosas de Del Bosque. No se le considera, por ejemplo, como un rígido de la táctica. Eso no impide que sus decisiones merezcan ser analizadas. El Madrid no jugó bien en El Sadar y animó al colista a convertir a Keylor Navas en el mejor del equipo. Algo no funciona en la ecuación cuando se produce esta paradoja. El equipo estuvo incómodo. No se ajustaba a la chaqueta táctica. Las mangas le quedaban cortas y los hombros muy anchos.
Los centrales no detectaron a Sergio León, un delantero ingenioso con una particularidad notable: sobrevive sin apenas ayuda en el bosque defensivo de sus rivales. Más evidente fue el desajuste de Danilo y Marcelo. El dibujo achicó el recorrido de Marcelo, transformado en un mediocampista o en un extremo puro. Al magnífico lateral brasileño le viene mejor sorprender desde más atrás, desde las posiciones defensivas más profundas. El problema de Danilo es diferente. Ha entrado en un periodo de desconfianza. Teme al balón. No lo quiere en sus pies. Duda en los marcajes, y los rivales lo saben. A Danilo comienzan a flotarle, como a los malos lanzadores en el baloncesto. En Pamplona no salió de la crisis.

Se observó muy pronto el alto número de jugadores perjudicados por el dibujo, incluidos los tres centrocampistas (Modric, Casemiro, Isco), molestos con un sistema que les encajonaba. Al Madrid le faltaba aire, naturalidad y un jugador más en el medio campo. Es decir, lo de toda la vida. La desgraciada lesión de Danilo permitió que Zidane arreglara las cosas. Ingresó James, Nacho se trasladó al lateral derecho, Marcelo ofició de lateral izquierdo, Modric encontró más espacio por la derecha, Casemiro interpretó mejor su posición y nadie salió más beneficiado que Isco. Con un centrocampista más, Isco apareció más a menudo en el área. Su excelente gol puede interpretarse como una consecuencia del cambio de sistema.

Salvo que Zidane se empeñe en probar la excelencia del sistema que no funcionó en El Sadar, lo más lógico es que la fórmula de los tres centrales y los dos carrileros apenas se utilice en el Real Madrid, un equipo que agradece como pocos la presencia de cuatro mediocampistas. Por lamentable que parezca, esa deseada solución se ha producido cuando hay bajas en la delantera (Bale) o sobra un defensa (Danilo).

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