El huevo y la gallina
Zidane y Luis Enrique, dos miradas opuestas tras el parón
Las semanas FIFA plantean dudas existenciales a los entrenadores, sometidos al peso de la fatiga de sus mejores futbolistas, a las expectativas de los infrecuentes en las alineaciones y al veredicto del resultado. En la Liga española se agrega otra circunstancia peculiar. Para los tres aspirantes al título no se trata tanto de ganar puntos, como de no perder el porcentaje que concede o quita el campeonato. Se sabe que el campeón estará por encima de los 90 puntos y que probablemente se situará alrededor de los 95, salvo uno de esos recorridos mágicos que llevan al ganador a la frontera de los 100. Perder tres puntos o cuatro puntos en las primeras jornadas significa que el margen se achica notablemente.
Atlético de Madrid mejor y el Barcelona peor
El Atlético, que en términos generales ha jugado mejor que en las dos temporadas anteriores, concedió cuatro puntos en los dos primeros partidos. Es decir, entre el 20 y el 25% de los que puede perder en todo el campeonato. Suena fuerte, pero así es la Liga en los últimos años. El Barça perdió frente al Alavés en el Camp Nou y se obliga a un esfuerzo imprevisto. No son tres puntos cualquiera, sino cerca del 15% del margen de seguridad que permite acceder al título en circunstancias normales. Si además la derrota se produce en el Camp Nou, frente a un recién ascendido, el precio es más elevado, porque en la cuenta no figuraba de ninguna manera.
Algo de eso debió pensar Luis Enrique cuando recordó lo mucho que había ganado el Barça en los últimos años y la poca memoria que tiene la gente. Es verdad que vivimos en el fútbol del último minuto, pero la melancólica referencia del técnico del Barça al pasado manifestó la profundidad de la herida que le causó la derrota frente al Alavés. Le dolió tanto que pidió árnica a la hinchada.
Zidane vs Luis Enrique
Zidane y Luis Enrique resolvieron de forma opuesta la semana FIFA. Los dos alinearon a varios suplentes, pero con dos lecturas que animan a la comparación. Zidane se inclinó por una mayoría significativa de titulares en el equipo titular con la esperanza de resolver pronto el partido con el Osasuna y luego conceder oportunidades a los menos habituales. Luis Enrique eligió la ruta contraria: mayoría de suplentes y aparición de las estrellas en caso de problemas. Le funcionó mejor al técnico del Madrid que al del Barça.
En la alineación del Madrid figuraban seis jugadores que figuraron en el equipo titular que ganó la Copa de Europa en Milán. A Pepe, Sergio Ramos, Kroos, Modric, Bale y Cristiano se añadió Danilo, que jugó en San Siro casi todo el encuentro y que durante la temporada fue tan titular como suplente. Varios de estos jugadores habían disputado partidos internacionales en los días anteriores. Cristiano jugó su primer partido. Pepe también. Zidane los utilizó desde el principio. Sólo dejó fuera a Benzema, también inédito durante la temporada. Jugó Morata, que había participado en los duelos con Bélgica y Liechstenstein.
En cada línea figuraban no menos de dos titulares indiscutibles. Sólo había un teórico suplente por sector. Zidane no quería especular con la sorpresa. Quería una ventaja rápida. La consiguió y en la segunda parte aparecieron Lucas Vázquez, Asensio y Benzema. Misión cumplida y casi todos contentos. James Rodríguez no jugó. Zidane tiene una coartada: tampoco alineó a Marcelo. Los dos habían participado en las eliminatorias sudamericanas, aunque todos sabemos que Marcelo tiene el puesto asegurado y el colombiano cada vez se aleja más de la titularidad. El plan de Zidane generó otro efecto asombroso: Cristiano y Bale fueron sustituidos en la segunda parte.
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Luis Enrique sólo alineó a un titular por línea: Mascherano, Busquets y Neymar. El brasileño había disputado los Juegos Olímpicos y los dos partidos de las eliminatorias sudamericanas. En el Camp Nou se observó la típica situación de los jugadores que acaban de conocerse. El equipo no funcionó. Lo reconoció Luis Enrique con una sinceridad que la honra. Consideró que el fondo de armario del Barça era suficiente para imponerse a un Alavés descansado, con dos semanas de minuciosa preparación del partido. Tuvo que recurrir a Messi y a Luis Suárez para girar el resultado. No lo consiguió. Las dos estrellas jugaron además con un estrés considerable. El partido se les escapaba. En muchos aspectos recordó al anoetazo.
Dos miradas contrarias generaron resultados opuestos. Los dos partidos se explican desde otras muchas perspectivas, pero conviene no olvidar que las distancias en el fútbol siempre las marcan los jugadores. Cuanto mejores sean, mejor.




