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¿Para qué necesita Iniesta un Balón de Oro?

Un reconocimiento innecesario. Todos hemos pensado en algún momento que la impresionante generación de futbolistas españoles que han marcado y pretender seguir marcando la historia del fútbol mundial merecería un Balón de Oro, en las manos de Andrés Iniesta, como reconocimiento personal a un talento descomunal y como homenaje a la Selección que lo cambió todo. Cada vez que se marca una actuación como la que vimos ante República Checa se reabre el debate, pero Iniesta tiene algo impagable, de muchísimo más valor que un galardón, que tiene que ver, por su sistema de votación, con la proyección mundial y con alcanzar la categoría de icono planetario. En eso, Messi y Cristiano son imbatibles.

El anhelo de Messi y Cristiano. Sin embargo, no tendría muchas dudas de que tanto el argentino como el portugués darían gran parte de sus trofeos individuales, por no decir todos, a cambio de marcar el gol de la victoria en la final de un Mundial. Ese bote del balón en Sudáfrica vale más que todos los votos del mundo, ya sean de capitanes, entrenadores o periodistas. Por su humildad, por su sencillez, pero, sobre todo, por su capacidad para decodificar los insondables misterios del fútbol en milésimas de segundo, Iniesta es el futbolista. El mayor reconocimiento es la admiración que le profesan sus compañeros de profesión.

El regreso de Juanfran. Más allá del partidazo de Iniesta y del merecidísimo protagonismo de Gerard Piqué por su importante gol, el nombre propio de la Selección en el debut ante Chequia fue el de Juanfran. Si los grandes hombres se miden por las veces que se levantan habrá que aplaudir que las prestaciones del lateral atlético, después del penalti marrado en la tanda de Milán, fueron altísimas. Lejos de quedar estigmatizado, respondió con una notabilísima actuación, en defensa y en ataque, con la cabeza muy alta.

La responsabilidad del capitán. Iker Casillas ejerció de suplente oficial de David de Gea con una actitud pública ejemplar. Le tocó tender puentes en tiempos de cólera y, a día de hoy, hay quien no se lo ha perdonado. Sergio Ramos, brazalete en ristre, se sube a los hombros de Piqué y dejan una imagen de unidad que el jugador del Barça, sobre todo, y el equipo nacional necesitaban. Ejercer una capitanía es un tremendo orgullo, pero también obliga a pensar siempre en primera persona del plural. Fue lo que hizo Iker, es lo que hace en otra medida Ramos. En fútbol no existe un buen título con un mal grupo.