Perdió su identidad

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Había una época, en la que el Bayern era el Bayern. Una bestia que desmenuzaba a sus rivales y no estaba muerta hasta que le dabas la puntilla. A día de hoy, después de tres años bajo las órdenes de Pep Guardiola, el cuadro bávaro es una sombra de aquel equipazo que alzó el triplete en Wembley de la mano de Jupp Heynckes. Es cierto que la mueve bien, que da gusto verle jugar, que ayer luchó hasta el final, pero partidos como el de ayer los deciden el corazón y no las piernas.
El latigazo de Schwarzenbeck, los cuernos de Augenthaler o la mirada de Kahn, eso era el Bayern. A día de hoy es juego posicional, toque y paciencia. Quizá Rummenigge y Hoeness se dieran cuenta ayer que no fue la mejor idea traer a Guardiola a la capital bávara, porque Pep aquí es contracultural como él mismo admitió. En apenas dos meses saldrá por una puerta diferente a la que utilizó Heynckes y estará en Carletto devolverle la esencia a un club que ha perdido su identidad.



