Noventa minutos en el Bernabéu...

‘Noventa minuti in Bernabéu son molto longo’. Aunque a cierto madridismo sobrevenido eso le avergüence, en la pulsión del Estadio Bernabéu latirá hoy aquella vieja energía. Es como esas telas que, dobladas de nuevo, muestran sus viejos pliegues. Hay un madridismo subyacente al que le ‘pone’ eso de remontar. Lo dijo el propio Zidane, pretendida piedra angular de ese neomadridismo florentiniano, que hasta ahora no ha dado más para que los régulos froten sus codos en el palco (¿hablarán de las ‘off shore’ de Panamá o sólo de croquetas?) y miren con nariz arrugada lo que pasa ahí abajo.

Zidane cumple hoy cien días como entrenador. Hasta ahora ha hecho poco: tirar de Casemiro como medio centro, único en la plantilla y por ende indispensable. Aparte de eso, tiene una escopeta de tres cañones, Bale, Benzema y Cristiano, más la autonomía que él se atreva a defender frente a la vocación intrusista del presidente, que su antecesor, Benítez, sólo fue capaz de denunciar una vez que se vio cutremente eyectado más allá del Canal de la Mancha. Zidane ha puesto de titular a Casemiro, pero a cambio tiembla en la posición de lateral derecho. En Wolfsburgo salió Danilo, con el efecto conocido.

Palco y régulos aparte, Carvajal y Danilo aparte, se entiende que el Madrid debería tener fuerza para darle la vuelta a esta eliminatoria. Es cierto que un 2-0 sólo se ha levantado en un 17% de ocasiones, pero igualmente lo es que entre el Madrid y el Wolfsburgo hay una distancia que lo que hace raro es el 2-0 de ida. Tampoco se trata, como dice Dante, con humor a agradecer, de convenir en que el Wolfsburgo sólo tiene un 2% de posibilidades. Simpática ‘boutade’. El Madrid lo tiene difícil, muy difícil, sí, pero puede. Porque es mejor, porque tiene tres grandes delanteros y un portero extraordinario. Así sea.