Como si ganarle al Barça lo fuese todo

Este Madrid es un tango: hoy un juramento, mañana una traición. A la victoria en el Camp Nou sucedió una derrota por 2-0 en Wolfsburgo que pone de repente las semifinales arriba de una  montaña que habrá que escalar. El 2-0 en el partido de ida es el resultado que todo equipo que juega en casa desea, y que todo el que va fuera teme. Significa que a la vuelta, en casa, puedes ir 3-0 en el minuto ochenta y estás temblando. Y lo llamativo es que el 2-0 fue lo justo para un partido que el Wolfsburgo tomó más en serio. No sólo en la primera parte, sino también en la segunda, cuando el Madrid ya estaba advertido.

No lo esperaba, lo confieso. Pensaba que entre el Madrid y el Wolfsburgo no había color. Pero claro que lo hay. Va a ser verdad lo que un pesimista (o sea, un optimista bien informado) me dijo tras lo del Camp Nou: “El Madrid ahora es como el Barça de antes: se cree que ha hecho la temporada ganando un día al otro”.  Bueno, pues eso me pareció ayer: tras haber ganado en el Camp Nou, el Madrid dio un suspiro y fue a Wolfsburgo como a cobrar lotería. Jugó sin pasión, con despistes, sin jerarquía. Pensé que el primer gol fue un accidente y el segundo un despiste, pero que en la segunda parte...

Ahí fue cuando peor vi al Madrid: sin juego ni rebeldía. No provocó ocasiones, ni siquiera se permitió un arreón final. Tampoco vi bien a Zidane, que apostó por Danilo. Desaprovechó la ocasión, con la lesión de Benzema, de armar mejor el medio campo, y quitó a Modric en lo que podría haber sido la fase decisiva del partido. Más discutible es la apuesta de Bale en la izquierda durante el primer tiempo. Se fue bien varias veces, pero eso alejó a Cristiano de su hábitat. En fin, un muy mal partido y una semana para hablar de remontada. Pero el entusiasmo que despertó lo del Camp Nou se ha esfumado.