El problema no es Periscope, sino Piqué

Parece que al Barça no le gusta el uso que Piqué hace de Periscope. Hubo hasta quien sugirió prohibírselo (¿quién se atrevería?) y por el mismo camino surgió la sugerencia de que hubiera un movimiento colectivo, desde LaLiga o así, para desaconsejar a los jugadores su uso. Al humo de lo mismo, alguien le ha preguntado a Del Bosque si vería conveniente prohibirle el uso de Periscope a Piqué cuando esté en la Selección, y por supuesto ha dicho que no. Lo único que Del Bosque considera prohibido es prohibir. Él intenta mandar desde la convicción. Generalmente da mejor resultado.

Para mí la cuestión no es Periscope, sino Piqué. No le había hecho falta esta red social para darse a conocer, aparte de por su excelencia futbolística, por su afición a presentarse como el ‘enfant terrible’ del país. No fue por Periscope como le vimos agradecer a Kevin Roldán que con él empezara todo. Ni fue por esa red como le vimos maltratar de palabra a un guardia urbano o escupir por la espalda a Pedro Cortés, escenas odiosas donde las haya. Ni supimos por Periscope de su afición a las bombas fétidas. Antes de Periscope atizaba todos los fuegos posibles por Twitter, sin perdonar una ocasión.

Piqué es un tipo inteligente, me consta. Frente a tanta gamberrada, fue de agradecer aquella conferencia de prensa en la que desvinculó sus conflictos con el Madrid de la cuestión catalana, que con frecuencia tendemos a mezclar erróneamente. Se manifiesta bien con alguna frecuencia. Pero le falta un mejor sentido de la convivencia y le sobra pasión por la exposición social. Eso va por él. Se las hubiera apañado para dar el cante incluso en tiempos del ‘Pony Express’. Claro que ahora lo tiene más fácil con las redes sociales, pero el problema no son éstas. El problema lo lleva él consigo. A los demás no les pasa.