Torres y el Atlético no se rinden
Hacía algún tiempo que no veía un partido en Mestalla y confieso que me entusiasmó su aspecto. Magnífico. Con su tono negro y naranja, la publicidad espetando (como en San Mamés) la apariencia pulcra del campo. Como siempre, la afición suena bien. Mejor que nunca, incluso, porque como en casi todas partes los insultos han desaparecido. La grada de animación mezcla banderas negras con cruz blanca y blancas con cruz negra. El efecto cromático es fenomenal. Es la Liga hacia la que vamos, la Liga que sueña Tebas. El Valencia, como el Athletic, ya está ahí. A otros les falta camino por recorrer. En algunos casos largo.
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Al Valencia a su vez le falta camino por recorrer en lo deportivo. Su puesto natural en nuestro fútbol está por la zona que ocupa el Atlético, y es evidente que ahora está lejos de eso. Bastantes cosas se han hecho mal y va a costar resolverlas. Y para empeorar las cosas, Neville se dejó ayer otro girón de prestigio. El lío que se hizo con la sustitución tras la expulsión de Santos (un central que es una película de terror) le deja desguarnecido ante la opinión pública y seguramente ante su propio vestuario. En todo caso, lo que ocurrió avaló todo el pesimismo que encontré entre muchos notables en las afueras del campo antes del partido.
El que sigue firme es el Atlético. Una vez hizo un partido compacto, con esa solidez que le caracteriza. A medida que avanzó el partido fue a más, demoliendo poco a poco el armazón del Valencia. Los cambios de Simeone fueron los adecuados para ganar el partido y hechos en el momento apropiado. Torres marcó de nuevo y Carrasco regresó, con su tobillo recuperado y en excelente condición. El Barça vuela, se vio en Eibar, pero el Atlético no está dispuesto a desanimarse. En Mestalla hizo un partido de los que avalan a un equipo. Un partido de campeón... en cualquier época en la que no se hubiera encontrado a un Barça así.




