Un Valencia retratado

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El Valencia solo estuvo en el partido entre el gol de Griezmann y la sustitución de Enzo Pérez. Entre el 23’ y el descanso. Solo entonces, gracias a la inspiración de Alcácer y a la eficacia de Cheryshev, los de Gary Neville hicieron creer a los suyos que podían meterle mano al Atlético, un equipo que sin Godín se mostró durante esos minutos menos sólido que de costumbre. Pero esos brotes verdes se diluyeron cuando Enzo Pérez, el eterno lesionado, tuvo que quedarse en el vestuario.
El Valencia, tras el descanso, fue un equipo desequilibrado. Vacío de ataque y cuyas lagunas defensivas quedaron al descubierto como en el gol de Torres. Aderllan Santos no dio una a derechas hasta su expulsión. Para colmo de males, con el Athletic esperándoles en Europa, se lesionó Cheryshev. La guinda del desconcierto la puso Neville, que quedó retratado como novel al cuadrado cuando, por petición popular, sacó a Negredo cuando él había decidido dar entrada a Abdennour.



