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Benítez como muñeco de pim-pam-pum

Benítez como muñeco de pim-pam-pum

Escuchando y mirando, crece la impresión desoladora de que Rafa Benítez ya nada río arriba, sin nadie que le ayude. A los jugadores les aburre y no lo ocultan. Le aprecian como un buen hombre, pero les sobra como jefe paliza. Esa su paliza se proyecta en detalles menores, que le dibujan como minucioso en pijadillas (“no le des tanto con el exterior, no comas esto sino lo otro”) pero abandonado en lo esencial. Juegan los que lucen más en la foto (véase el día del Barça), rotan los demás, Cristiano no perdona un minuto (para un partido que no jugó, resulta que no va a valer) y sigue tirando todas las faltas.

Benítez es entrenador a contraestilo del Madrid. Aun con buenos resultados, sería difícil que la afición le quisiera. El madridismo da por descontados los títulos y exige que lleguen acompañados de vuelo, de grandeza, de buen juego. Capello ganó aquí dos ligas, distanciadas en el tiempo, con presidentes distintos, y las dos veces se tuvo que ir. Benítez tiene bastante de su escuela: la pretensión de un fútbol eficaz, aunque sea aburrido. No exactamente defensivo, pero sí aburrido. Ahora resulta que, además de aburrido, su juego no es efectivo. Chuta mucho, sí. Pero fuera. Y se rezaga en la tabla.

Florentino anda hecho un lío, preguntando al director general deportivo, con el que se cita en el espejo, qué hacer. ¿Echo a Benítez y pongo a Zidane? El espejo le devuelve guiños equívocos. Cada mañana, presidente y director general deportivo se tantean, a la hora del afeitado. Se miran fijamente, pupila a pupila, en busca de la decisión correcta. ¿Benítez o Zidane? Mientras deciden, envían a Zidane consultas de disponibilidad y éste dice no sé, quizá sí, a lo mejor no, bueno, no sé si estoy preparado, ya os diré. De momento, Benítez es al menos el pim-pam-pum. Para eso todavía es el más útil.