Sonrojante falta de autocrítica
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Florentino compareció en el antepalco del Bernabéu, a muy poca distancia de un museo repleto de trofeos que es la envidia de todos los equipos. El Madrid se puede permitir el lujo de no ganar una Copa del Rey más, pero lo que no se puede permitir de ninguna manera es seguir regalando el prestigio conquistado durante tanto tiempo por la entidad hasta hace no mucho más envidiada del planeta. No es cuestión de repetir de manera mecánica la cantinela de “somos el club más importante del mundo”, es cuestión de decirlo menos y demostrarlo más. La falta de autocrítica del presidente ante el Caso Cheryshev es sonrojante. Por mucho que Butragueño se empeñe en lo contrario, el Madrid ha hecho el ridículo y corre el riesgo de seguir haciéndolo agarrándose a interpretaciones peregrinas de artículos enrevesados.
Es simple: el futbolista estaba sancionado, jugó y en el club nadie tenía ni pajolera idea. A veces un tortazo de estas dimensiones te hace reaccionar para corregir y progresar, pero para eso se necesita tener la humildad de reconocer el error y no es el caso. El presidente hace y deshace a su antojo y ha puesto el organigrama del club patas arriba. La entidad soporta generosas nóminas de altos ejecutivos que no dan una a derechas. Todos permanecen tapados para que no les caiga el chaparrón presidencial, pero ninguno tiene la valentía suficiente para decirle a Florentino la verdad: que a este Madrid no le reconoce ni la madre que lo parió.




