Cristiano y el heredero

Antonio Romero
Redacción de Diario AS
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Ayer se vivió el último episodio de la vorágine autodestructiva en la que se ha convertido la relación entre Cristiano y el Madrid. El portugués, como casi todos sus compañeros, no rascó bola, rozó la expulsión y fue espectador en la exhibición de la banda de Iniesta, pero además tuvo que escuchar los pitos que le dedicó su afición. Fueron de mucha menor intensidad que los que la gente dedicó al presidente, señalado como principal responsable, pero también se hicieron notar.

Desde que empezó la temporada casi todos los indicios invitan a pensar que Cristiano está incómodo y comienza a tomar cuerpo una idea que parecía descabellada hace tan solo unos meses: que sea su última temporada de blanco. Situación delicada porque hablamos del estandarte de los últimos años y porque el escogido para ser su recambio, Bale, ni está ni se le espera. El madridismo tirita por la mala racha del portugués, pero se congela cuando piensa que la solución pasa por el galés.

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