El jugador invisible y el Nobel de Literatura
La moviola es necesaria para ver lo que sucede
Una de las anécdotas que mejor explican la necesidad que hizo posible la moviola y que ahora nos ata a la televisión para ver de verdad qué sucede en los campos tiene como protagonistas, para mí, al Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, que aún no lo era, y a Messi.
El escenario era el Bernabéu y los dos, el Nobel y este cronista, veíamos el partido desde nuestras respectivas localidades contiguas. Debo confesar que el fútbol se hizo, y es una verdad que repite siempre el maestro Juan Cueto, para ser retransmitido por la televisión: el televisor es un rectángulo verde, que guarda las proporciones exactas, aunque diminutas, de un campo de juego. Así que ahí estábamos, en un sitio extraño para nosotros, pues ni Vargas Llosa ni yo estábamos acostumbrados a seguir el juego en vivo y en directo.
Por otra parte, en el campo, y sobre todo en determinados sitios del campo, se producen ruidos, sonidos, protestas de todo tipo, o euforias, a las que uno no debe atender en orden a cumplir con la ortodoxia diplomática a la que obligan nuestras respectivas afinidades. Vargas Llosa es el del Madrid y yo soy del Barça. Yo no podía desearle suerte, ni podía hacer aspavientos contra el rival, tampoco podía explicitar mi alegría por mi equipo.
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En esas circunstancias lo que pase tiene una trascendencia menor en cuanto a aspavientos. Pero ocurrió algo extraordinario que les relato. Estaba Messi en el campo, y esa ardilla en que se constituye en cuanto toca un balón estaba especialmente activo. Muy pronto, corrió por la demarcación del medio volante del Real Madrid, se adentró en el área y disparó. Yo no vi bien qué había pasado, pero Vargas Llosa creyó interpretarlo, y me dijo en medio de un silencio sepulcral que me pareció interpretar de inmediato. Él me dijo: “Ha estado muy bien Casillas, ¿verdad?”. Yo me permití decirle cuál había sido mi deducción: “Creo que Messi le ha metido un gol, en realidad. Por eso la gente está callada”.
Ese es el problema con Messi: que es invisible para los espectadores. Pero también para los jugadores. A ese fantasma (resucitado) se enfrenta hoy el Real Madrid. Lo veré por la tele.




