Messi, la prueba del algodón

Benítez, ahí lo tienes. Es la vara de medir en el Real Madrid desde hace una década. El elemento que ha condicionado el trabajo de todos los entrenadores que han pasado estos años por el banquillo blanco. Todos, habiendo ganado unos más, otros menos y alguno nada, han rendido la cabeza ante la superioridad del juego de Messi. Desde la humillación del cuadrado mágico de Luxemburgo (pensar que se comparó en algún momento a Robinho con Messi es de risa), al “ganar en Barcelona es imposible” de Schuster, pasando por el defensivo Capello, el ingeniero Pellegrini el indomable Mourinho o el pacificador Ancelotti, todos sufrieron el contraste con la excelencia. Cada uno con su estilo, con un equipo de zapadores y trincheras o intentando jugar a tener la pelota, planearon su etapa con unos objetivos y terminaron perdiendo en la comparación con el juego de argentino. En estos diez años hubo técnicos que ganaron La Liga y ¡hasta la Champions!, pero al final todos fueron derrotados en la equiparación con el juego del Barça de Messi.
Dominar el Clásico. Entre todos los partidos que el Madrid ganó en estos años al Barça, que fueron bastantes, quizás el más disfrutado por el Bernabéu fue el del año pasado, cuando Ancelotti, obligado por la baja de Bale, juntó en el medio a Modric, Kroos, Isco y James. El Madrid remontó, dominó, jugó bien y la grada se divirtió. Fue un equipo asociativo y contundente que se pareció al mejor Barça, que entonces aún vivía desconcertado por las rotaciones de Luis Enrique. Los madridistas gozaron aquel Clásico como pocos porque, tras diez años con Messi enfrente, saben que deleitarse con un enfrentamiento tranquilo ante el máximo rival es casi imposible.
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Determinante. El partido no es decisivo, lo sabe bien Luis Enrique, que salió escaldado hace un año y terminó ganándolo todo. Pero puede serlo para la definitiva aceptación de Benítez por el entorno, donde hay un permanente ruido alrededor de su figura. Rafa no ha caído bien en determinados medios, que parecen seguir enamorados de las formas galantes de Ancelotti, un encajador nato que no perdía la sonrisa ni ante las pocas críticas feroces que tuvo. A Benítez se le está apuntando desde que llegó, cosa por otra parte habitual en su cargo, y ha llegado el momento de que demuestre la personalidad que quienes le contrataron le suponían. Una derrota dolorosa desatará el zafarrancho en su contra.
La sinfónica de Piqué. El central recibirá hoy una de las pitadas más grandes que haya ofrecido el Bernabéu, así que, según dijo, lo pasará en grande. ¿No le hubiera gustado más que lo aplaudieran como a Ronaldinho? Hay gente rara. Pero cuidado no vaya a ser que los pitos iniciales para Piqué se los termine llevando algún madridista, que hay gente muy cansada de ciertas cosas. Lo contaremos en Carrusel.



