El madridismo ya sólo quiere que hablemos de fútbol
Ayer me repitieron la pregunta mágica: “¿Queda alguna entrada?”.

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Cada día que pasa percibo un saludable cambio climático en torno al Clásico de mañana. Los dolorosos atentados de París crearon una inevitable nube negra que tenía al personal cabizbajo, casi sin ganas de pleitear con los culés sobre quién se llevará el gato al agua. Pero las horas pasan y la normalidad, afortunadamente, se va apoderando de nuestras vidas. Ayer mismo me abrasaron a mensajes mis amigos merengues (muchos de ellos de peñas repartidas por toda la piel de toro) preguntándome si quedaba alguna entrada a la venta. El miedo se diluye y el afán por disfrutar de la fiesta del fútbol crece. Bien.
Y si hablamos sólo de fútbol, por fin, es inevitable recuperar los debates clásicos en los Clásicos. Cristiano demostrará al recuperado Messi que no está a la baja y que de nuevo será el Martillo de Thor (es bueno que Leo sea testigo sobre el césped, como el año pasado, de un gran triunfo blanco). Kroos y Modric se reivindicarán como los dueños de la sala de máquinas. Keylor nos rescatará esa maravillosa versión casillista que mostró hasta su lesión. Ramos y Varane serán the wall para frenar a la sobrevalorada MSN (Messi-Suárez-Neymar). Carvajal y Marcelo convertirán sus bandas en autopistas hacia el cielo. Casemiro será el Busquets del Madrid en versión sambódromo. James o Isco (that is the question) aportarán la magia que a Iniesta se le escapa a medida que su DNI se arruga. Bale le regalará a Bartra un DVD de la final de Copa de Mestalla... Y, además, se escuchará sinfonía cuando toque la pelota Piqué (la expresión es suya, a mí que me registren). Al final, esto es fútbol. Mañana, fiesta en el Bernabéu.



