Neymar deja los 'selfies'

Madurez. El chico brasileño ya es un hombre. Huérfano de Messi e Iniesta, el Barcelona carecía de guía y referencia en ataque. Habiendo perdido hace ya tiempo la posesión y el toque, se hacía necesaria la aparición de otro líder que tirase del carro y Neymar cogió la bandera. El muchacho sabe que, ahora mismo, la fantasía y el desequilibrio dependen casi exclusivamente de él, acepta el reto, y toma el mando de las operaciones. Ha cambiado la intermitencia de otras veces por la omnipresencia en el ataque. Baja a por la pelota, acelera, desborda, asiste y, por supuesto, marca. Ahora hace las fotos de equipo. Mención aparte merecen sus maravillosos regates, sorprendentemente ofensivos para algunos, como si en el fútbol estuviera prohibido inventarse quiebros y fintas. Para imaginarse una jugada de ese tipo, a toda velocidad, con las pulsaciones disparadas y perseguido por varios rivales, hay que ser un genio. A Neymar le sale porque lo ha hecho siempre, desde pequeño entiende el fútbol así y no intenta humillar a nadie. Lo realmente humillante es no parar de agarrar, empujar, meter el codo, dar patadas y despejar todo lo que pasa a tu alrededor, a ver si nos enteramos.
Casemiro y la clase media. El Real Madrid ha completado una plantilla extraordinaria y los recursos de Benítez para los cambios son tremendos. Tiene un almacén con buenos defensas, medios experimentados y veloces extremos, que le está permitiendo hacer frente a una auténtica plaga de lesionados. En los recambios blancos predomina la clase media, no hay material de relleno, no hay bultos sospechosos y eso, en una temporada larga y cargada, es una ventaja importantísima. Casemiro es un ejemplo de ese nivel: lo hace bien de titular, lo hace bien si sale desde el banco y si no sale, no pasa nada.
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Jackson y Carrasco. Marcó el colombiano, ya era hora, y sus compañeros fueron a abrazarlo como si hubiera salido vivo del quirófano. Simeone ha implicado a todos en la integración de Jackson porque sabe que le está costando más de lo esperado. Al margen de una mala racha, que puede tener cualquier goleador, al colombiano se le ve desconectado y a veces indolente. Le falta rabia, mala leche, furor. Vamos, que el cholismo todavía no ha entrado en él. Todo lo contrario que Carrasco, que sale al campo con el cuchillo entre los dientes, rabioso y con vértigo. Tiene buena pinta.
La patochada. Hay un abogado con pintas de cómico que afirma que le han hablado de un anónimo juez de línea que dice que le han llamado para insinuarle que, en el caso de que fuera elegido para ser asistente en el clásico, pudiera tomar algunas decisiones que perjudicaran al Barça…¡La Mano Negra! Por favor, compañeros, un poco de seriedad.



