Cristiano es universal

Incontestable. Un jugador legendario. Un depredador insaciable del gol. Una bestia deportiva. El reinado de Cristiano Ronaldo en la historia del Real Madrid ha ido cayendo por su propio peso. No ha necesitado de profetas y apóstoles que aclamaran una y otra vez sus hazañas, que lo ensalzaran y enaltecieran por encima de los incrédulos. CR7 era una verdad absoluta, no había ateos. Sus números han ido construyendo el altar que ocupa y empequeñecen cualquier comparación con otros ídolos blancos. Encima, por si fuera poco lo conseguido hasta ahora, Cristiano parece haber entendido que debe alejarse de otras florituras y centrarse en el área, en el territorio del gol, en la suerte suprema. Su físico, aunque menos exuberante todavía atlético, y su voracidad pueden llevarle a conseguir marcas de ciencia ficción.
El derbi. Para el madridismo es especialmente doloroso perder con el Atlético. Que se lo pregunten a Ancelotti, al que sentenció la serie de derrotas con los colchoneros el año pasado. Benítez sabe que el partido del Calderón es esperado con lupa para medir el nivel de su proyecto y por eso reservó algunas piezas claves ante el Malmoe. Las rotaciones son vistas con buenos ojos en el club, aunque a veces se pierda vistosidad como en Suecia. No hay duda de que el entrenador habrá trabajado el partido, dicen. Luego hay que jugarlo bien, si es posible, digo yo.
El Atlético, indeciso. El cambio de orientación de Simeone, abandonando en parte la esencia del cholismo en la búsqueda de un equipo más atractivo, tiene algo confundido al equipo. La rocosa solidez defensiva de otros años ya no existe y eso está afectando a la confianza. Ya no parecen aquel grupo de jugadores que con el aliento de su entrenador se creían capaces de todo. Y luego está la falta de puntería. Jackson tendrá que marcar pronto si quiere despejar las dudas.
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Este no es el Sevilla. Alicaído, temeroso, nunca pensé que fuera a ver así al equipo de Emery. Sobrepasado en su visita a Turín, el equipo ha perdido la dentadura que le permitía enfrentarse a cualquier rival con garantías de pelea. Hasta el entrenador ha perdido fuelle en la banda. Parece necesario reiniciar el ordenador y nada mejor que hacerlo con la visita del Barça.
Alerta roja en Barcelona. Con la lesión de Iniesta, la sala de máquinas del equipo está bajo mínimos. La remontada ante los alemanes no puede borrar la coyuntural carestía de talento y desequilibrio en la plantilla. Y luego está la continua inseguridad en defensa que no se arregla de un día para otro. Se aventura un mes de sufrimiento para Luis Enrique y esto seguro que no le resbala.



