Sesenta años y el Real Madrid sigue ahí
Hace sesenta años que se creó la Copa de Europa, de la que deriva la Champions, y el Madrid sigue ahí. Estuvo entre los fundadores, entre los dieciséis que tomaron la salida en aquellas fechas difíciles. Un grupo de visionarios, agrupados por L’Equipe, entre los que Santiago Bernabéu ejerció un papel de gran influencia (trajo la segunda reunión constituyente a Madrid, capital de un país pobre y aislado), pusieron en marcha una iniciativa paneuropea. Dos años antes del Tratado de Roma, revés de moneda de la COMECON. En la Copa de Europa cabían todos. En cierto modo, la Europa de hoy empezó ahí.
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Sesenta años después, el estadio Santiago Bernabéu, que aún no tiene el nombre de una petrolera de no sé dónde porque a Florentino algo se le torció en sus proyectos, recibe al campeón de Ucrania. País en guerra, donde el fútbol es un hilo que le mantiene unido a la paz, la normalidad, la felicidad. Desdichadamente, el partido de vuelta no podrá jugarse en Donetsk, zona afectada por el conflicto, sino que se jugará en Lviv, lejos de allí. Pero se jugará. El fútbol se abre camino. O, quizá mejor, abre camino entre los desencuentros de los hombres. El fútbol no da soluciones, pero las propone.
Así que bienvenida sea esta sexagésima edición de un campeonato que empezó llamándose Copa de Europa, que aún me parece el nombre adecuado. Y bienvenida sea esta edición con cinco clubes españoles, récord posible por las nuevas normas mercantilistas de una competición que nació para campeones de Liga (o de la propia competición) y que hoy se abre a los mejores de los mejores países. El mejor de todos es España, donde gastamos en fútbol lo que nos falta para otras cosas. Es nuestro gusto. El fútbol y el Madrid (con perdón) nos homologaron en Europa. Será por eso que pasa lo que pasa.




