Del Bosque, Julio Iglesias y Serrat

Alfredo Relaño
Actualizado a

Del Bosque cumple hoy en Borisov cien partidos como seleccionador. El saldo es formidable, lo mismo en porcentaje de victorias como en calidad de las mismas, que incluyen una final de Eurocopa y otra de Mundial. Pero la racha ahora es otra. De un año acá, los resultados no son tan buenos, las derrotas empiezan a menudear demasiado. Desde el Mundial, nada ha sido lo mismo. Ganar es un hábito, me dijo un día mi amigo Robinson. Me quedé con la frase. Durante años, La Roja tuvo ese hábito. Ahora lo ha perdido. Desde aquel cabezazo de Van Persie en Baia nada ha vuelto a ser igual.

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Tras aquel fracaso, se esperaba, como comentó Cañizares el otro día en Carrusel, un vuelco en el equipo, la aparición de otra gente. Pero no ha sido así sino para los partidos amistosos. En los oficiales (hoy mismo se espera eso) juega lo que queda de aquel equipo de los tiempos triunfales, con los reemplazos inevitables de los que abandonaron por voluntad propia. Reemplazos que son en su mayoría veteranos de aquella misma época. Un equipo parecido, pero necesariamente peor, sin los Xavi, Xabi y Villa. Un equipo que alterna en estas series de dos partidos con otro, el del relevo que se amaga y no se produce.

Eso es lo que menos me gusta de esta época, ese vaivén, un día estos, el siguiente los otros, que me hace sentir que se pierde tiempo en la reconstrucción del equipo. Lo que me sigue gustando de Del Bosque es la forma en que digiere los conflictos que le llueven de las grescas Madrid-Barcelona, que continuamente sobresaltan nuestro fútbol. Ayer le dijo a Maroto que le gustan más Julio Iglesias y Serrat que Kevin Roldán. Julio Iglesias y Serrat, madridista y culé. Siempre en la busca minuciosa de una equidistancia que el madridismo ‘radicalflorentinista’ entiende mal, pero que a la Selección le conviene.

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