La tercera parte

Maneras de celebrar un gol con otros

Juan Cruz
Actualizado a

Me he fijado mucho en las maneras de celebrar los goles. La peor de todas (a mi parecer) fue la que protagonizó Dani Alves con otros futbolistas del Barça cuando anotó un gol que por su culpa fue famoso. Fue, creo, ante el Rayo Vallecano, y fue tan desmandada esa euforia que acudió Puyol, un hombre sensato, a desbaratarla. Nunca se me olvida.

En el fútbol contemporáneo se dan muchos modos de celebrar (y de no celebrar). Ya hemos hablado aquí de ese famoso enfado de Cristiano Ronaldo con Arbeloa, porque según el parecer del portugués el defensa le birló un gol que anotar en su voluminosa lista de goles. A la hinchada ese gesto la alborotó un poco. Pero como a Cristiano se le perdona todo (por su carácter de ganador y porque el Madrid le debe gratitud eterna) esos rumores fueron acallados por la propia esencia de la afición: lo que hacen los nuestros bien hecho está.

Lo cierto es que Cristiano Ronaldo tiene una manera de celebrar muy espectacular y tan guerrera como su manera de estar en el campo. Recuerdo cuando tuvo que abandonar el césped en Córdoba: dio lustre a sus condecoraciones significando que hiciera lo que hiciera el árbitro con él su hoja de servicios ya estaba suficientemente engalanada. Era una manera de irse como otra cualquiera; otros, como Neymar, se van refunfuñando, mirando con actitud desafiante al entrenador, igual que hizo Müller cuando se encaró a Pep Guardiola al retirarle éste del campo el día del regate de Messi a Boateng.

Son maneras de ser y de estar que tienen luego su resumen o su metáfora en el modo que los astros celebran sus goles, que son la coronación cotidiana de sus éxitos. Los porteros celebran los goles propios y lloran los ajenos, naturalmente; Casillas es estólido, aunque se enfade un poco, con los que encaja, pero como Víctor Valdés se alza sobre sus plantillas cada vez que los suyos le alivian la tarde con un golpe certero en la portería rival. Los delanteros hacen más aspavientos, y ahí es donde yo querría hacer un paralelismo entre Messi y Cristiano Ronaldo. El goleador del Real Madrid ya ha construido un escenario para sí mismo: primero hace su grito, luego calma a sus compañeros para decirles que le dejen a él seguir con la ceremonia, y finalmente los convoca, con un golpe de su autoridad, en un concreto lugar al que todos acuden con la explícita intención de ser contados, pues Cristiano es un líder que requiere, como cualquier líder, determinado reconocimiento.

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Messi no lo hace ni mejor ni peor, no voy a entrar en eso, pero lo hace distinto, más como un niño de potrero o de patio de colegio: marca, como aquel día después de haber rebajado a la altura de un árbol caído a Boateng, y se va a un rincón gritando; de pronto se lanzan sobre él, sin más comedimiento, todos los suyos menos el portero. Luego levanta el dedo al cielo (se lo chupa) y regresa a la faena.

Son maneras distintas de afrontar el momento más feliz de los encuentros. No diré aquí cuál prefiero.

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