La Expo del gol
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Le pregunté a un historiador del fútbol no tan veterano como el gran Bernardo Salazar qué le parecía esta expo universal del gol que protagonizó el Barça. “Impresionante”, dijo. Fueron seis goles debidos a partes iguales al empeño y a la estética. Ninguno fue casual, sino que se debió a una elaboración cuya identidad se corresponde con la depurada técnica de cada uno; en Carrusel hicieron una encuesta los tertulianos de Gallego y los espectadores en el estadio y hubo visiones tan variadas como los goles.
Yo me quedo con el de Neymar, que en lugar de hacer lo obvio se recreó en la suerte, se pasó el balón de un lado al otro y disparó como si estuviera enseñándoles a unos niños de qué manera aprendió él a tirar a puerta. El de Messi de penalti fue una muestra más de lo que es capaz el rosarino con tal de distanciarse del tópico. Fue un partido feliz, como si el equipo se hubiera empeñado en superarse a sí mismo en espera del gran reto de la temporada: afrontar su propio espejo en la persona de Pep Guardiola.




