La pizarra de Víctor, la aparición de Bongonda y el “bar” de Weligton

La pizarra de Víctor, la aparición de Bongonda y el “bar” de Weligton

Estratega. 16 años después de debutar como jugador del Deportivo a las órdenes de Javier Irureta, Víctor Sánchez del Amo se sentó por primera vez el domingo en el banquillo del que fue equipo de su vida. Víctor venía de ser la mano derecha de Míchel una temporada en Olympiacos. Allí, pequeñas diferencias les separaron y quienes les conocen bien aseguran que fue añorado en Atenas por su ascendencia en el vestuario. Víctor es un estudioso de la estrategia. El mismo Míchel recordó en una ocasión cómo el Sevilla que dirigía ganó al Madrid en una jugada a balón parado (1-0, Trochowski, temporada 2012-13) que fue diseñada días antes en un viaje a Albania para jugar un amistoso ante el Flamurtari.

Jóvenes. El Celta ha empezado a reinventarse. Con buen tino, y previendo posibles salidas de jugadores con peso (Krohn-Delhi, Orellana y quién sabe si Nolito), Miguel Torrecilla, director deportivo al que en Vigo ya han perdonado que dejase salir a Denis por sólo un millón al City, fichó en el mercado invernal a Theo Bongonda. El belga, que ya ha hecho su primer gol, pertenece a otra prometedora hornada belga entre la que se incluyen Origi o Kylian Hazard, tercero de una prolífica saga (Eden y Thorgan juegan en Chelsea y Moenchengladbach y de camino viene Ethan, de 12 años). Bongonda, un talento según todos los ojeadores, firmó hasta 2019 y se espera que pueda abanderar un nuevo tiempo junto a Santi Mina, que el sábado hizo cuatro goles en el mismo partido, algo que nadie conseguía en Vigo desde Mori, en 1979. Curiosamente, el delantero de Barbate había jugado con el padre de Santi Mina.

Confidencias. Weligton, capitán del Málaga, inauguró el martes su nuevo negocio. Se llama La Grada y es un restaurante-grill. Hay quien conocía sus planes más allá de sus compañeros de vestuario. Mateu Lahoz, en pleno lío del partido ante el Atlético, le preguntó al brasileño “por el bar”. No era la primera vez. Weligton, en plena calentura después del partido, contó la historia. Eso sí, a través de un conocido común relacionado con el arbitraje, ha hecho llegar al colegiado valenciano sus disculpas por revelar el contenido de la conversación. Mateu lo aceptó sin más. Por supuesto, está invitado al restaurante.

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