Messi fantástico, Cristiano desconocido
Esta vez, al revés que en Anoeta, el Barça no alivió con un tropiezo propio el previo del Madrid, sino al revés. Su victoria estruendosa, 2-5, en el marco de San Mamés, que siempre da prestigio, le pone a un punto del Madrid y reanimado, dispuesto a todo. El fútbol crea sensaciones exageradas, yo creo que en mucha parte nos gusta por eso, y la combinación del 4-0 del sábado con el 2-5 de ayer produce un efecto tan depresivo entre los madridistas como eufórico entre los barcelonistas. Y al fondo del todo subyace otro factor: Messi está fantástico, va a más, y a Cristiano le encontramos como abatido.
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Messi se quedó en un gol, pero participó en los cinco. Agitó todo el ataque, estrella en la tripleta que comparte con Neymar y Luis Suárez, bien los tres. Todo un contraste con la BBC del Madrid, cuyo partido en el Calderón fue desolador. Apenas intervinieron, apenas tiraron, compartiendo el aire abúlico de todo el equipo. Sólo que a ellos se les exige más. Por su rango y porque el empeño en ponerles siempre, por encima de todo, si los tres están sanos, crea unas disfunciones tácticas evidentes. Les cuesta retroceder, sólo les justifican sus goles y su poder atacante, pero si éste no aparece...
Sobre todo choca el mal estado de Cristiano, que parece haber expulsado su fuego interior con aquel grito de ¡sííííí! que lanzó al coger el Balón de Oro. ¿Fatiga, dolor de la rodilla, dolor de alma? El caso es que ha perdido poderío, participación y remate, y que Messi recorta terreno en la tabla del Pichichi. Y en medio de eso, el tropiezo de esa fiesta programada de antemano (supongo que daban por descontada la victoria) y que se ha convertido en acto criticado, del que se ausentaron, con buen juicio, los más prudentes. La afición no entiende que después de semejante papelón les quedara cuerpo de fiesta.




