Sevilla, noche de frustración

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Casi todo fue frustrante para el Sevilla en Madrid. Al principio y al final, porque se vio cerca de rascar algún tipo de éxito. Y en medio, porque le perdió el hilo a un partido del que pudo sacar más. Más poderoso físicamente que su rival, que ya es decir, le penalizó el error de Vitolo en el primer mano a mano con Casillas y el palo de Iborra. Su puesta en escena fue convincente porque maniató a Kroos y fue a por el partido con un estilo que reflejó fielmente la idea de su técnico. Luego, después del 1-0, se enrocó y, en vez de sacar jugo de las lesiones del Madrid, perdió a Beto, dio alguna patada de más. Se descentró.
Decepcionaron Bacca, con un error gravísimo en la jugada del 2-0, y Deulofeu, jugador que deja sensaciones contradictorias con demasiada frecuencia por su querencia a la dispersión. De ahí la fama de los desencuentros con sus técnicos y por ahí la incertidumbre en su futuro como jugador de élite. Una jugada virtuosa de Vitolo puso en el partido al Sevilla cuando ya no lo esperaba. Luego empujó y Aspas preocupó al Madrid por su brío. Dio la sensación de que con algo más de tiempo le hubiese alcanzado. Pero eso es irreal. El 2-1 pareció correcto. Al Sevilla, como dijo Marcelino del Villarreal en el Camp Nou, le faltó un poquito. Su misión es persistir. Y si Emery no descree de su método, puesto en cuestión con ligereza demasiado frecuentemente, es posible que tenga éxito.



