Iscomanía desatada en el Bernabéu

Tomás Roncero
Nació en Villarrubia de los Ojos en 1965. Subdirector de AS, colaborador del Carrusel y El Larguero y tertuliano de El Chiringuito. Cubrió los Juegos de Barcelona 92 y Atlanta 96, y los Mundiales de Italia 90, EE UU 94 y Francia 98. Autor de cuatro libros: Quinta del Buitre, El Gran Partido, Hala Madrid y Eso no estaba en mi libro del Real Madrid.
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El idilio del Bernabéu con Isco está en plena ebullición. Que el estadio coree su nombre un día sí y otro también es un acto de coherencia y de justicia. El malagueño, con sólo 22 años, se ha convertido en el único soplo de aire fresco del equipo de Ancelotti en este 2015 que ha arrancado con los renglones torcidos y las tasas de agotamiento disparadas en la mayoría de titulares. Ante el Atleti falló de nuevo la BB de la BBC (Benzema y Bale no están al nivel mínimo exigible a estas alturas del curso) y Cristiano anda mermado y se nota en su increíble cuenta goleadora. Kroos también da síntomas de fatiga y James ha pegado un bajón muy llamativo. Pero hay una luz que emerge entre tanta penumbra: Isco.

Lo suyo es digno de estudio. Parecía un jugón de físico limitado. Pero se ha de-satado como un portento capaz de ser el único que juega todos los minutos oficiales de este año recién iniciado, sin olvidar que es el tercer futbolista que recupera más balones de la plantilla, sólo superado por Kroos y Ramos. La Iscomanía se ve en las gradas del Bernabéu, con un número creciente de niños y adultos que lucen la camiseta del genio de Arroyo de la Miel. Por cierto, recado para los atléticos que están creciditos. Habrá que recordarles que el partido más importante de sus vidas reposa en la Sala de Trofeos del Bernabéu. Menos lobos...

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