El Barça pasa de ser líder a ser cuarto
“Llega una semana simpática. Se ha abierto la veda”. Esa fue la frase más notable que dejó Luis Enrique tras la derrota ante el Celta. El auditorio que la escuchó era la prensa barcelonesa, que lo que esperaba eran explicaciones al parón del Barça, líder hace sólo ocho días, cuarto en la tabla hoy. No habría en ese auditorio muchos, o mejor, casi ninguno, que estuviera celebrando el doble revés del Barça, más bien lo contrario. Lo que sí había es gente interesada en por qué un día juega Rakitic y otro Xavi, en por qué Piqué estuvo en la grada, en cuáles fueron las razones de la irrupción repentina de Rafinha.
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Preguntas sencillas que se hace la gente, esas y algunas más, a las que se esperaría que el entrenador, y por ende en cierto modo líder y portavoz del Barça, respondiera sin dobleces. Pero en lugar de eso se refugió en una actitud entre altanera y lastimera, un ‘ya sé que os vais a meter conmigo y me da igual’. Una escapatoria por un callejón. La preocupación actual del barcelonismo no es si la prensa se meterá o no con Luis Enrique, sino si éste tiene algún plan, aparte de poner tres delanteros formidables para ver si meten muchos goles que compensen sus manifiestas dudas en la reconstrucción del equipo.
La situación del Barça no es fácil. Viene de donde viene y se le compara con eso. Ha cumplido años, algunos puntales ya no están o acusan cansancio y desilusión, y el arquitecto de la renovación, Zubizarreta, tampoco es el más esclarecido del oficio, por lo que vamos viendo. Luis Enrique camina con esa mochila. Pero si le mete más piedras, como puedan ser su ego y sus fobias, más le va a pesar todavía. En esto puede aprender de Ancelotti, que comparece con sonrisa y buenas palabras en las duras y en las maduras, que dice esto, lo otro o lo contrario sin incomodarse ni incomodar. Y le va requetebién.




