Ronaldo y Diego Costa

Joaquín Maroto
Redacción de AS
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Lo previsto era que Diego Costa jugase sólo el partido de Eslovaquia. Pero en su hambre manda él. El hispano-brasileño se apuntó a doblar en Luxemburgo porque las picardías sobre su sequía goleadora echaban humo en Twitter. Y tenía necesidad, incluso ansiedad, por acabar lo antes posible con el cachondeo. Por eso, la víspera, se excusó cuando Juan Flor, fotorreportero de AS, le citó para una foto: “Otro día, de verdad. Que tengo mucha presión”, le dijo.

Esa excusa me chirrió. Porque me acordé de inmediato de otro goleador, Ronaldo Nazario. En su etapa en el Madrid, le preguntaron a O Fenómeno un día, junto a mí, si él había sentido alguna vez la presión de los goleadores. Y respondió: “Siento la presión todos los días, la de la cerveza que me tomo después de entrenar...”. Pues eso es un goleador. Un tío que se viene arriba incluso con diez kilos de más, en la panza y en la cuenta corriente. Y que pese a ambas mochilas no olvida su oficio ni, lo que es más importante, la fe en sus propias posibilidades.

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