Gallego y Busquets, de centrales
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El pasado viernes este humilde servidor le preguntó a Del Bosque que si tres centrales (Ramos, Piqué y Albiol) no eran pocos para dos partidos (Eslovaquia y Luxemburgo). El seleccionador contestó que “hay déficit en esa posición, pero podemos solventarlo con otros jugadores de la plantilla”. Cuarenta y ocho horas después se lesionó Sergio Ramos, causó baja y el problema no se solventó con lo que había ya en la lista, sino con la incorporación de otro central: Bartra. Que hay déficit de centrales es un hecho. De los 27 que juegan en esa posición en los siete primeros equipos de la Liga sólo hay diez españoles, y de ellos sólo dos son titulares indiscutibles en sus equipos: Ramos en el Real Madrid y Fontás en el Celta. Lo de solventar la baja de Ramos con otro jugador de la lista hubiera sido parchear. Sacar a Busquets de su sitio natural para tapar un hueco de mala manera. De modo que Del Bosque salió del apuro con la decisión correcta, aunque sus hechos fueran en contra de sus palabras.
Pero hizo muy bien. Porque si equivocarse es de humanos, persistir en el error ya no tanto. Y menos cuando hay precedentes. Me viene a la memoria el Mundial de México, en 1986. El seleccionador de entonces era Miguel Muñoz, y sus ayudantes Miera y Suárez, que luego también lo fueron. Tuvieron la osadía de ir al Mundial con sólo dos centrales, Goicoechea y Maceda. Maceda se lesionó. Se le puso la rodilla como una bota, le sacaron líquido sinovial y terminaron de arreglarle. Total, se tuvo que volver. Así fue como España jugó un Mundial, con un gran equipo, con un sólo central puro: Goico. Ante Bélgica, en cuartos, Muñoz tuvo que poner ahí a Gallego, que era bueno pero no de central. Bélgica nos eliminó. De los errores, y de la historia, se aprende.




