Emery y los castillos en el aire

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Emery se enervó hace un fin de semana cuando le preguntaron antes de viajar a Córdoba si veía en su Sevilla un nuevo Atlético de Madrid. Después de cuatro victorias en Liga y una más en Europa, la euforia arrastra a cualquiera. Unai, sin embargo, renunció a la condición a aspirante a nada que vaya más allá de la cuarta plaza y ayer mandó por mensajero los elogios al Calderón. Se permitió, además, recordar la mala noche de Cardiff en agosto. De allí, en la Supercopa de Europa, el Sevilla salió con mala cara. Se había ilusionado seguramente tanto o más que para hoy y aquel revés contra el Madrid señaló su nivel. Por eso nadie quiere hacerse castillos en el aire. Al menos, hasta medir su nivel real en el Calderón.
Este Sevilla que todavía se edifica ha impresionado por su versatilidad. Camaleónico, un día se viste de duro fajador con Carriço, Iborra, Krychowiak y Mbia y otro de fino estilista con Denis, Banega, Reyes y Deulofeu. La variedad facilita la riqueza táctica y está coronada por Bacca, otro sevillista en el radar del Atlético que, como Negredo, Rakitic o Alberto, no cogió el AVE al Manzanares. En el gol del colombiano acaba un equipo ilusionante y con un entrenador entusiasmado con su trabajo que es una garantía de regularidad, pero también de sensatez.



